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Cuando a mediados de 1985 el mito erótico de miles de mujeres Rock Hudson anunciaba que padecía SIDA parecía el fin del mundo. En una época en la que la enfermedad estaba considerada como minoritaria y que se creía circunscrita a ciertas castas, el mítico actor hacía caer estas creencias, demostrando que cualquiera podía padecerla. Nadie pensaba entonces que las prácticas sexuales de riesgo podían transmitir la enfermedad, algo por lo que muchas vidas se interrumpieron, entre ellas también la de Freddy Mercury. Sin embargo, algo ha cambiado el mapa mental común desde que estas dos celebridades reconocieran padecer el SIDA. Los colectivos trabajan en difundir la idea de que se puede vivir después de recibir la noticia de que se tiene el virus. Es el caso de Magic Johnson, que en 1991 hizo su anuncio personal y que desde su retirada del mundo del deporte en 1996 trabaja en la concienciación sobre el VIH, recogiendo fondos para luchar contra el virus.

Vidas de drogas y sexo

Como en los años ochenta se desconocía que se podía contraer el SIDA compartiendo jeringuillas y teniendo relaciones sexuales sin protección, la época dorada del desmadre fue el entorno perfecto para su contagio. Fue el caso de la primera supermodelo Gia Carangi, a quien una corta vida de heroína y otras drogas le pasaron la factura muy pronto. Nunca hizo ningún anuncio. En las sesiones de maquillaje para las portadas de las revistas, los asistentes tapaban las marcas de la autodestrucción que sus brazos mostraban. Nada pudo parar su muerte en 1986.

Otro ejemplo fue el de Freddy Mercury. En una época en la que no se pensaba que los homosexuales tuviesen ningún riesgo teniendo relaciones sin protección, la barra libre estaba servida. Las fiestas de los Queen, ampliamente conocidas en los mundos de la música y relatadas en varios libros que recogen la historia de la banda, eran el cóctel perfecto entre sexo, drogas y rock. Quitarse de encima la sombra del estigma fue difícil para el líder del grupo, que terminó reconociendo la enfermedad a través de un comunicado, cuando su empeoramiento físico era ya demasiado evidente. Moría en 1991, siete años después de conocer que tenía VIH.

El SIDA no sólo es asunto de drogadictos y homosexuales

Uno de los pensamientos más extendidos es que el virus no ronda las puertas de todas las casas, sino que se reduce a algunos grupos como los anteriormente nombrados: drogadictos y homosexuales. Pero, en realidad, en los años 80 y principios de los 90 tampoco se conocía que podía contraerse en un hospital con una transfusión. Fue el caso del tenista Arthur Ashe, ganador de tres Gran Slam, y que contrajo la enfermedad en una operación de corazón. Historias como la suya y como la del escritor Isaac Asimov hicieron que se tuviesen los controles sanitarios para impedir que estos hechos volviesen a suceder.

Pensamientos como el de que el SIDA sólo se circunscribía a estos grupos hacía doblemente difícil el reconocimiento de la enfermedad por parte de personajes cuyas vidas estaban completamente expuestas al público. Muchos de ellos mantuvieron siempre en silencio su afección y no quisieron dar a conocer que la padecían. Algunos no tuvieron más remedio, como Anthony Perkins, quien un día encontró en la prensa la noticia de que tenía el SIDA. El mítico Norman Bates de Psicosis quería seguir trabajando, motivo por el que levantó la alfombra de su casa para dejar esta información debajo de ella. Más tarde dijo públicamente que no lo había anunciado porque no lo consideraba importante.

La enfermedad en positivo

Magic Johnson ha sido uno de los casos más paradigmáticos en los que se refiere al enfoque en positivo del SIDA. Cuando en 1991 hizo público que tenía el virus rompió muchos de esos estigmas: un hombre joven, deportista y heterosexual que además no se mostraba abatido, sino que al estilo león plantaba cara al mundo y al VIH. Desde que se retiró se dedica a través de su fundación a llevar a cabo diferentes programas de ayuda a los jóvenes con el virus. Una forma de darle la vuelta a la tortilla, vivir más de 20 años con la enfermedad y convertirse en todo un ejemplo a seguir.