Share Button

El mundo anda un poco loco últimamente y más ante el asalto virtual de Internet, las redes sociales y unos avances tecnológicos para muchos propios de una película de ciencia ficción. Hace no mucho volvía a repetirse el caso de una fiesta multitudinaria a la que en principio solo habían sido invitados cuatro gatos y un miau pero que de la mano del poderoso efecto de Facebook se convirtió en todo un acontecimiento.

Imagínense la cara de la madre de la pobre chica de 15 años cuando la señora, metida en faena con los sandwiches, va y le pregunta: «y al final, ¿cuántos vienen?. «Cuatro mil confirmados y novecientos posibles». Ciñéndome a la noticia, que la Policía tenga que personarse en la casa en cuestión por culpa de un botoncito no activado como privado y que el evento de la niña tenga más asistentes que las fiestas del pueblo se las trae.

Avances tecnológicos y redes sociales

Más allá de anécdotas y cierto humor, el caso es que los avances tecnológicos y sus aplicaciones en el entorno digital han alterado las formas en las que nos relacionamos y los modelos de convivencia que teníamos, al menos hasta ahora, claros.

Y es que, si aún quedamos un grupo de personas a las que, de tanto en tanto se nos rebelan cuestiones básicas como una simple consulta por Internet sobre la cantidad de puntos que nos quedan en el carné, van y nos avisan que tenemos que ser prudentes y llevar cuidado, porque «si te pillan conduciendo con las Google Glass te multan». La cosa es seria y aunque yo no haya visto unas de éstas ni de lejos, una mujer de California seguro que se acordó del padre fundador de las populares gafitas, cuando la citaron a declarar por coger el volante con unas puestas. La cosa al final quedó en nada.

Gafas aparte, entre esta fiebre de cambios y novedades no es raro que hayan surgido nuevos casos de personas con patologías recién estrenadas, como es el caso de la denominada “nomofobia”. Si usted es de los que como yo no habían oído hablar de esto hasta ahora, le diré que, según los expertos, se trata de la enfermedad del siglo XXI y no es, ni más ni menos, que un temor descontrolado a estar sin teléfono móvil. Una dependencia que crece de forma destacada entre los jóvenes y genera auténticos cuadros de desasosiego, ansiedad, enfado y sentimiento de culpa.

Volviendo a la calle, a los casos reales, comparto esta historia escuchada a pleno volumen en un bar. La historia de un protagonista que no sé muy bien si pudo estar sintiendo culpa, desasosiego o que otra cosa le rondaría por la cabeza, si como relataban sus amigos se había dedicado en cuerpo y alma a darles gato por libre. Y cómo, pues no vean, creando perfiles de chicas despampanantes en el “face” –volvemos al dichoso Facebook- gestionados por él mismo para “fardar” y “ponerse piropos en el muro”.  Sin palabras, ¡¡ahí queda eso!!

Imágenes con Licencia Creative Commons: TharealMrGreen, Birgerking