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Seguramente Birgitte Nyborg no querría hablar de poder femenino, sino simplemente de poder. Sin embargo, la serie de televisión danesa Borgen muestra las dificultades que tiene una primera ministra danesa recién aterrizada en el castillo de Christiansborg, en parte a causa de su género. “No me considero a mí mismo feminista, pero la serie es definitivamente de alguna forma un proyecto feminista”, dice el creador de Borgen Adam Price en una entrevista a The Guardian. Y es que no sólo se destila la problemática en el lado del poder político, sino también en el cuarto poder, el de la prensa, cuando el editor jefe de las noticias pregunta a su empleada y periodista estrella Katrine Fonsmark si tiene planes de quedarse embarazada. Una pregunta prohibida por ley en la Dinamarca actual.

Borgen y realidad, realidad y Borgen

A pesar de todo, Borgen no es un proyecto centrado en las cuestiones de género, sino que muestra cómo una política idealista tiene que bregar en un gobierno de coalición en el que la negociación es la papeleta diaria de la cabeza del gobierno. Una realidad que vive Dinamarca desde 1909, ya que desde ese año que un partido no gobierna en mayoría. Una situación que se toma como referencia para analizar las posibilidades del futuro político cercano de España en un artículo de La Marea, que traza las posibles líneas que se abren si, como avanzan las encuestas, el bipartidismo ha muerto.

No sólo se ha comparado con este posible escenario dentro de nuestras fronteras, sino que la serie ha servido de reflexión y paralelismo en distintos casos. Y será porque realidad y ficción se están mezclando y lo uno ocasiona pensamientos en torno a lo otro y viceversa. Es un cruce de trayectorias en las que se expone cómo gira todo alrededor de una mujer que ostenta el mayor poder en un país. No en balde, un año después de que arrancase la emisión de Borgen en Dinamarca, Helle Throning-Schimidt accedía al poder en ese mismo país. La primera vez que una mujer es primera ministra de Dinamarca.

También se han establecido paralelismos con la primera ministra australiana Julia Gillard. En un artículo reflexivo, The Guardian se preguntaba si todos los problemas con los que Birgitte Nyborg lucha a diario para conciliar vida familiar y laboral estaban también presentes en la vida real de Gillard.

Las estrategias de comunicación política y el periodismo político

Otra de las realidades que aparece retratada en Borgen es la relación entre el poder y los medios de comunicación. Cómo los asesores de prensa manejan siempre que pueden los hilos para beneficiarse en la medida de lo posible de las noticias. Las filtraciones se plantean como el arma perfecta para llamar la atención sobre un tema en el que el gobierno quiere influir. Se ve, por ejemplo, cuando filtra que el ministro de Medio Ambiente tiene un deportivo de gran consumo. Todo para llevarle al propio terreno político y conseguir que pacte.

Una relación (la de la prensa y el poder) que se ve aderezada por la intermitente historia de amor entre Kasper Juuls y Katrine Fonsmark. El asesor de prensa de la primera ministra y la periodista más combativa de la escena política durmiendo en la misma cama, al mismo tiempo que trabajan en bandos contrarios. Y he aquí uno de los aspectos que mejores críticas ha suscitado respecto a la serie: esa influencia que lo humano tiene en el devenir de los acontecimientos, a veces a pesar de las ideas y otras…por encima de ellas.

El periodismo más amarillista también tiene cabida en Borgen. Unas situaciones en las que se ven involucrados los políticos gracias a un medio, el Exprés, que rebusca en las basuras, contrata prostitutos para hacer caer a ministros o dedica un número entero a que en una cena en un restaurante el novio de la exprimera ministra “le vomita encima”. Nada se interpone entre la venta de ejemplares y la dirección de este periódico ficticio, que sin embargo encuentra algunos reflejos en la realidad como el sonado caso de las escuchas ilegales que se practicaban en News of the World, el tabloide sensacionalista del imperio Murdoch.

¿Qué significa todo esto? ¿Están las producciones televisivas reflejando escenarios reales en los que la democracia occidental se ve atenazada por cuestiones todavía no superadas? Lo que sí es claro es que las esferas del poder político están empezando a copar la pequeña pantalla en distintas producciones como House of Cards o The Good Wife. Se inspiran en la vida real, juegan a la imaginación y se adelantan a los acontecimientos. ¿Son de alguna manera estas series políticas esa profunda reflexión de avanzadilla que antes se veía en las grandes novelas?