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Como si de un conjunto de piezas de puzle se tratase, las preguntas se mueven por nuestras vidas dando sentido, matices, esperas, dudas y reflexiones al escenario que nos rodea. Las preguntas son un arma poderosa, una especie de artillería pesada que en compañía de sus interrogantes son capaces de poner a prueba habilidades, tentar a la mentira, arrancar verdades o desbocar un torrente de emociones. Una maquinaría precisa a la que en muchas ocasiones le bastan tan solo tres palabras para poner el corazón de quien pregunta en un puño a la espera de, por ejemplo, un simple SÍ.  

Las preguntas y cada una de las palabras que las componen son una llave para conocerse o conocer y, además en una profesión como la periodística para permitir que otros conozcan. Por este encargo que encierran, la elaboración de esa masa que dará forma a una entrevista, a un reportaje o a una noticia con testimonios debe ir siempre un paso más allá y luchar contra los vicios y tentaciones del más de lo mismo. Ese comodín de lo práctico del que la profesión se vale algunas veces y que sacan a la luz sin contemplaciones las hemerotecas, las búsquedas de información en Internet sobre un determinado personaje o las caras de hastío de algunos entrevistados evidenciando la falta de originalidad de las preguntas que devuelven.

En un mismo pack, entrevista-entrevistador hace unos días un fragmento del programa Viajando con Chester ponía en valor ese potencial que tienen tanto las buenas preguntas como la habilidad para introducirlas y guiar a las personas para que se sumerjan en sus recuerdos y pensamientos, con el objetivo de corresponder con respuestas interesantes. El deportista de élite ciego Enhamed Enhamed en respuesta a una pregunta del conductor del programa, Risto Mejide, contaba cómo una de esas afiladas preguntitas se le clavó como un dardo y cambió la percepción de su vida. Una cuestión inocente, ya que fue un niño en una charla en un colegio quien se la lanzó, en la que le preguntaba si cambiaría las medallas conseguidas por sus logros como nadador olímpico por recuperar la vista.

Esta pregunta entraría dentro de esa categoría de cuestiones “pellizco”, esos interrogantes que activan el pensamiento y que en muchas ocasiones se construyen con una primera dosis de silencio, que ya de por sí es una buena respuesta. Y es que como dicen los expertos, las preguntas son vitaminas para el cerebro, son esa fuerza que activa nuestras cabezas, una especie de motor que se rige por la máxima de que: “hacer buenas preguntas conduce a pensar bien”.

Junto a esta afirmación figuran otras tantas definiciones interesantes entre ellas las del creador del Brainstorming (lluvia de ideas), esa técnica acuñada por Alex Osborn quien señaló que: “La pregunta es la más creativa de las conductas humanas”.

A partir de ahí, a la hora de ponernos entre fogones para preparar esa entrevista o cuestionario con el que esperamos elaborar una pieza periodística es importante, entre otros tantos aspectos, tener en cuenta algunas de estas cuestiones:

  • Ser curiosos y huir de lo predecible y de aquello que nuestro interlocutor puede esperar que se le pregunte
  • Plantear preguntas desafío relacionadas con el entrevistado y que tengan un sentido en el contexto de la entrevista, ya que muchas veces embarcar a la persona con la que dialogamos en un viaje filosófico puede acabar en un portazo
  • Plantear cuestiones con un objetivo de respuesta claro, con enunciados que no inviten a divagar o, por el contrario a cubrir el expediente respondiendo a aspectos que pueden ser clave con un sí o un no
  • Tener empatía con el entrevistado y olfato suficiente para identificar los momentos más idóneos para introducir determinadas preguntas en la conversación y cómo formularlas
  • No tener miedo a las preguntas incómodas ni a las reacciones de quien tenemos delante, siempre que la educación esté presente entre los interrogantes que planteamos

Y cuando las cosas comienzan a ponerse grises, como en el caso de esta entrevista al cantante Miguel Bosé, tomar medidas para que la situación no acabe por escaparse de nuestras manos.

Imagen con Licencia Creative Commons:  jhritz