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El grupo de improvisación de teatro Second City de Chicago vio desplegar sus artes de comediantes a algunos jóvenes fulgurantes que luego se catapultaron a sí mismos a la fama gracias fundamentalmente a su aparición en los primeros años del show de la NBC Saturday Night Live. En las oficinas del programa en el piso diecisiete del cuartel general de la cadena, en el Rockefeller Center, instalaron sus vidas, que dejaron de tener sentido las unas sin las otras. Las afterparty fueron apoteósicas y las drogas recorrieron las neuronas de todos aquellos brillantes cerebros de la comedia hasta la muerte de John Belushi, que marcó el final de aquel camino.

No era sólo superar la muerte de un amigo, casi un hermano, sino que además, todo el grupo gravitaba en torno a él. Su arrolladora presencia era magnética y fue quién comenzó a arrancar a gente de aquel Chicago de teatro para surcar las ondas a lomos del espacio radiofónico “The National Lampoon Radio Hour”. Harold Ramis y Bill Murray fueron sus compañeros en esta aventura, un paso previo al salto a la televisión.

Saturday Night Live

Fueron una nueva generación de voces cómicas cuyo estilo ha quedado grabado como el paradigma de la comedia moderna. Aquello que trajeron de Chicago lo volcaron en Saturday Night Live, la etapa más alocada e intensa de muchos de ellos. Un punto en el que convergieron John Belushi, Dan Aykroyd y Bill Murray, entre otros actores que ahora recordamos con un halo diferente. En aquel reparto de Saturday Night Live todos se conocían y todos estaban en la vida de todos, algo que explicaba la extraordinaria química que tenían entre ellos en el show.

[blockquote]SNL fue un show de televisión, pero también una casa de fraternidad adulta, unidos por lazos de drogas y sexo, largas horas, emoción y afecto[/blockquote]

Dan Aykroyd

En 1977 ganaron un premio Emy como guionistas. Una muestra de cómo su innovación genuina estaba calando en el espectro audiovisual americano. Trabajaban hasta bien entrada la noche. A veces salían a dar unos pasos a la calle sólo con el fin de airearse, pero o estaban elaborando sketches o sumidos en aquellos lazos de los que Aykroyd hablaba.

La muerte de John Belushi

Robin Williams también sucumbió al magnetismo que envolvía a Belushi. Su conexión arrancó también en aquel Chicago de los 70 y su amistad superó la barrera del tiempo y la distancia. De hecho, fue uno de los últimos en verlo con vida antes de que una sobredosis de speedball terminase con el orondo comediante a los 33 años el 5 de marzo de 1.982. Los excesos de los 70 y los 80 fueron como una bomba de relojería que les estalló en la cara aquel día. La espiral de drogas en la que vivían ya no parecía ningún juego. Sus últimos dos meses habían sido una carrera voraz hacia la autodestrucción, algo que se refleja en el libro Como una moto, del célebre periodista Bob Woodward (uno de los que destapó el caso Watergate). Una bestia se escondía en las tripas de John Belushi.

Bill Murray en el entierro de John Belushi

De hecho, esa fue la primera vez que Robin Williams, recientemente fallecido, dejó las drogas, como él mismo contó en las numerosas ocasiones en las que habló sobre sus adicciones. “La cocaína es la forma que tiene Dios de decirte que estás ganando demasiado dinero”, es una de sus frases que han pasado a la posteridad. Su lucha contra esta adicción le persiguió toda su vida.

Blues Brothers

Belushi y Aykroyd tuvieron algo más. Se conocieron en un 1973 en el que el segundo regentaba un bar de blues bajo el nombre de 505 Club y desde el momento en que sus vidas se cruzaron conectaron. Su pasión por la música culminó con Granujas a todo ritmo y los Blues Brothers hicieron tanto ruido que han quedado como una referencia cultural de aquella época en la que un permisivo Hollywood sustentaba las adicciones de sus estrellas. Dan Aykroyd cuenta sobre la grabación de la película:

[blockquote]Teníamos un presupuesto en la película para los tiros nocturnos. Todo el mundo lo hacía, incluido yo[/blockquote]

Belushi, Aykroyd, Murray, Williams…todas sus vidas se han visto unidas irremediablemente por la comedia, donde hacer reír al público se convierte en la máxima a la que rendir pleitesía. De puertas para dentro, si nuestras almas requieren de experiencias para cruzar los túneles de la mente es algo distinto. Por eso se habla tanto de aquello de la tristeza del cómico, un peso en el pecho que se ha vuelto a abrir con la marcha de Robin Williams. Un viaje para el que todos tenemos el ticket comprado, pero algunos deciden consumirlo antes de tiempo.