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Hace unos años que en el mundo del marketing online se conoce la práctica de comprar seguidores. Principalmente se inició con twitter pero a día de hoy uno puede comprar también seguidores en las demás redes sociales (léase Facebook, Instagram, Pinterest, Google +…). Incluso se ofrece la posibilidad de comprar retweets, “me gusta” en publicaciones o un determinado número de reproducciones en un vídeo de Youtube.

Y es que al final todo tiende a corromperse. El coste de estos “servicios” es ínfimo, cualquiera, incluso un chavalín de 15 años con ínfulas de fama podría acceder a ellos sin comprometer gran parte de su paga. Desde 10 euros puedes conseguir 1.000 seguidores en twitter hasta 10.000 por 85 euros. 5.000 visitas en Youtube te costarán menos de 20 euros y 1.000 fans en facbook menos de 40 euros.

Usuarios falsos, usuarios irreales

La mayoría de las webs que se dedican a esto venden seguidores inactivos. Son cuentas creadas a través de un software que no corresponden a personas reales. Al principio no lo ocultaban demasiado: no había foto de perfil, ni tweets, ni seguidores ni actividad ninguna de ese usuario cuyo nombre se había puesto de forma automática bailando unas letras. Ahora se ha refinado y las cuentas tienen fotos, una pequeña bio y alguna actividad.

Vayamos a la imagen de la empresa, que es de lo que aquí tratamos. El problema es que nadie tuitea:

 Hola, hoy he comprado 10.000 seguidores #transparencia #loreconozcoynomeimporta

Así que en un primer vistazo es difícil saber si los tropocientos seguidores que tiene una marca son reales o ficticios. Para averiguarlo tendrías que realizar un minucioso estudio de todos los perfiles de estos seguidores. Y ya te tendría que ir algo importante en ello para hacer estas comprobaciones. Lo que sí puede lanzarnos una más que fundada sospecha es cuando alguien aumenta su masa de seguidores en miles de un día para otro. Ahí hay, según los expertos, una señal de compra.

¿Quién anaboliza sus cifras?

Con esta base de sospecha se realizó una investigación independiente en marcas como Mercedes Benz, Pepsi, Louis Vuitton o personajes públicos como el Primer Ministro ruso Dmitri Medvedev, entre otros. En el estudio queda en entredicho que los súbitos aumentos de seguidores en un solo día puedan deberse a acciones promocionales (justificación que dan algunas marcas) y apunta a la compra de seguidores basándose en comparativas con marcas como Starbucks, una de las que mejores resultados tiene en twitter y que nunca ha llegado a aumentos como algunos de los analizados.

Hay personajes públicos que tienen grandes números de seguidores falsos. A este respecto, hay varias aplicaciones (por ejemplo, la de Status People) que detectan cuántos tiene una cuenta y algunos medios han hecho la prueba. En el centro de todas estas miradas se encontraba Obama, quien en septiembre de 2013 tenía más de 19,5 millones de seguidores falsos en twitter del total de 36,9. Pero el presidente de los Estados Unidos no está solito, sino que le acompañan su mujer, Michelle Obama; la cantante Lady Gaga o Alejandro Sanz, entre otros.

Usuarios comprados versus spammers

Hay que señalar que porcentajes muy pequeños de seguidores falsos no implican que haya habido una compra, sino que se debe al spam que puede llegarnos a través de twitter. Por ejemplo, en OntheRecord hemos hecho la prueba con nuestra cuenta, donde hemos encontrado un spammer:

fakes-ontherecord

Las granjas de clicks

El problema radica en que las cifras altas de seguidores son para muchos un indicativo suficiente del poder que una marca tiene en una red social, sin tener en cuenta la calidad de esta audiencia, si realmente interactúa con los contenidos y las ideas que se le ofrecen por esta vía. Vamos, si forma parte activa de esa comunidad. Pero si nos fijamos únicamente en el grueso de seguidores y nos dejamos impresionar por la cifra no podremos saber si se trata de algo real o es un bluf.

A este respecto hay un reciente problema añadido para saber si una marca está usando estas prácticas o no y es que ahora también hay empresas que ofrecen lo mismo pero aseguran que se trata de usuarios reales y ofrecen además interacciones de los mismos. Así pues, la conversación, aquello que se antojaba como algo libre que no se podía comprar, también ha caído en villanas manos y ha quedado corrompida.

La empresa Unique It World, situada en Dhaka (Bangladesh) por ejemplo, se dedica a crear cuentas y mantenerlas como si se tratase de usuarios reales, pero son un puñado de personas que va a terminar con desdoblamiento de personalidad. Un reciente chequeo en facebook muestra datos curiosos: Dhaka es la ciudad de procedencia de fans más popular para muchos, incluyendo al futbolista Leo Messi (con 51 millones de “me gusta”), la propia página de seguridad de Facebook (con 7,7) o la fanpage de Google (con 15,2).

Muchas otras empresas dedican a los becarios a crear perfiles y mantenerlos y algunos, de forma independiente, crean sus propias granjas de clicks para después venderlas. Un mercado negro que obliga a desconfiar de todo lo que reluce.