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Tanto si nos dedicamos al copywritting dentro del marketing de contenidos como si sentimos el impulso de contar historias mediante la escritura, los consejos de algunos escritores pueden ayudarnos a crecer y mejorar en este trabajo apasionante, pero en muchas ocasiones desbordante.

La desesperación es uno de los estados habituales en los procesos creativos asociados a la literatura y es que el horror vacui de la página en blanco se ha establecido ya con un fantasma con su propio lienzo. Su sombra es alargada y quizá ya por ello nos encontremos predeterminados a sufrir sus condicionantes. La escritora y periodista mexicana Elena Poniatowska refiere que con la página en blanco comienza la inmensa aventura frente a la mesa de trabajo, en la que la pantalla se le presenta llena de trucos, trampas y escondites porque una sola tecla te borra el alma.

En realidad, editoras como Esther Tusquets aconsejan a los escritores no tomarse demasiado en serio la angustia ante la página en blanco, ya que a lo largo del proceso se van a encontrar muchos momentos en los que esté presente, incluso en los momentos más inesperados. “La última página puede generar tantos problemas e inseguridades como la primera”.

Saber lo que se va a contar

Quizá lo más interesante sea previamente saber lo que se va a decir. Y para ello, el célebre escritor escocés Ian Rankin aconseja encontrar una historia que merezca la pena contar. Es un punto de partida en común con el Periodismo, para el que profesionales como Susan Orlean aconsejan prestar atención. La escritora y periodista, que milita en las filas del New Yorker, aconseja:

Muchas de las historias que encuentro más estimulantes llegan a mi de casualidad. Pienso que para encontrar buenas historias hay que mantener la mente y los ojos increíblemente abiertos. Todos los días, en cualquier sitio que te encuentres. Así siento que siempre estoy preparada para que algo se presente y yo diga: ‘Guau, eso es una gran historia!’”.

El trabajo previo a la escritura en sí es uno de los axiomas que defienden profesionales como Matilde Asensi, para quien hay que disfrutar del proceso de creación. Cuando llega el momento de sentarse en el ordenador a teclear se dejan así atrás muchos meses (e incluso años) de proceso creativo en los que “tus personajes tienen nombres y vidas, tu argumento está completo, conoces las diferentes historias que se trenzarán a lo largo de la obra y ya has documentado la época histórica en todos sus aspectos. En realidad, la fase de creación es la más amplia e interesante. Escribir, lo que se dice escribir, sólo es el final del proceso”.

El trabajo diario

Son muchísimos los escritores que inciden en algunas premisas básicas relacionadas con el trabajo diario. Para empezar, la mejor manera de aprender a escribir es leyendo mucho, lo que además ayudará a ampliar la capacidad lingüística. “Cuanto más grande sea tu vocabulario, más eficaz será tu escritura”, explicaba la escritora británica P.D. James, que falleció hace tan sólo unos días y que publicó el libro “Todo lo que sé sobre novela negra”.

Otros recomiendan no leer las críticas, como Richard Ford. De hecho, en el libro The spooky art (El arte espectral), el gran patriarca de la literatura norteamericana Norman Mailer habla, entre otros muchos temas acerca de la escritura, de que enfrentarse a las críticas negativas fue el motivo principal de su mal humor, lo que consideraba un problema grave para el escritor.

No trates de escribir para un lector ideal. Seguro que existe, pero está leyendo a otro.

Joyce Carol Oates

Los consejos atraviesan también el espacio emocional, inevitablemente unido a la labor de escribir, como éste del escritor irlandés Roddy Doyle: “No pongas una foto de tu autor favorito sobre tu mesa. Sobre todo si es un suicida”. O éste de Helen Dunmore sobre tirar a la papelera de reciclaje el trabajo realizado si no convence: “no debes sentir mala conciencia por los cadáveres de poemas y páginas que lo tenían todo excepto la vida que necesitaban”.

Una cuestión de actitud

El escritor yugoslavo Danilo Kis, cuya obra está impregnada de una infancia marcada a fuego por la matanza de Novi Sad, la muerte de su padre y otros parientes a manos de los nazis y su exilio a Hungría; dejó además como legado una serie de consejos para jóvenes escritores en los que se traza un dibujo de la actitud que contemplaba como deseada en alguien que anhela encadenar palabras. He aquí una pequeña selección:

No te fíes de las estadísticas, de las cifras, de las declaraciones públicas: la realidad es aquello que no se ve a simple vista.
Sé consciente del hecho de que la imaginación es hermana de la mentira y por ello mismo es peligrosa.
No prediques el relativismo de todos los valores: existe la jerarquía de los valores.
Estáte persuadido de que la lengua en la que escribes es la mejor de todas, porque no tienes otra.
Estáte persuadido de que la lengua en la que escribes en la peor de todas, aunque no la cambiarías por ninguna otra.
No te dejes persuadir de que tu literatura es socialmente inútil.
No pienses que tu literatura es útil para la sociedad.
Ten en todo tu propio parecer.
No des tu opinión en todo.
Es a ti a quien menos le cuestan las palabras.
Tus palabras no tienen precio.
Conoce lo que piensan los otros. Luego, olvídalo.
Si no puedes decir la verdad, cállate.
Guárdate de las medias verdades.
Evita los lugares comunes y las citas ideológicas.
No creas en la escritura automática ni en el difuminado querido: tú aspiras a la claridad.