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En una etapa como la actual en la que todo es susceptible de copiarse a velocidades de vértigo reivindicar la originalidad, la creatividad, la chispa inspiradora es aún más si cabe una tarea obligada. En una parcela compleja como es la de la comunicación y en especial, la creación de contenidos tanto escritos como audiovisuales la concienciación de todos aquellos que se dejan un poquito de sí mismos en sus creaciones es vital para no acabar agachando la cabeza ante el más de lo mismo.

La libertad informativa que Internet nos ha puesto en bandeja ha traído cosas increíbles pero también ha supuesto un cañonazo directo sobre aspectos como la autoría o el respeto a las producciones de muchos profesionales. Las restricciones con advertencia incluida de verse ante la Justicia o las penalizaciones de Google por copiar y reproducir contenidos han limado algunas asperezas en este terreno, aunque el corto, pego, maquillo y me lo firmo que aplican algunas personas y empresas sigue siendo una práctica habitual.

Y es que la comunicación debe respetarse y dejarse en manos de aquellos que tienen las mejores aptitudes para ello. Un grupo de profesionales que en la actualidad no solo debe medirse contra un batallón de especialistas en la clonación de contenidossino con otro escuadrón cuantioso que sigue convencido de que “escribir, hacer unas fotos o un vídeo más o menos decente” para su página web, «lo puede hacer cualquiera».

Aun sabiendo que las comparaciones están para no hacerlas, mi pregunta es la siguiente: ¿consideraría que cualquiera puede representarle en un juicio, llevarle las cuentas de la empresa o cortarle el pelo…? Si la respuesta es un NO y lo es porque cuando va a un juicio le interesa ganar, porque quiere que sus cuentas sean lo más beneficiosas posible o por lo menos no recibir una carta negra de Hacienda o porque la posibilidad de llevar el pelo cortado a tazón le horroriza. Digo yo:

¿Por qué se expone a que le reprendan públicamente por copiar contenidos, comparte textos a los que ni usted mismo les dedicaría un pestañeo o los acompaña de fotos que transmiten tan poco de la profesionalidad de su empresa como ese posible pelo cortado a tazón?

La moraleja de todo esto radica en un juego en el que bien entendido ganan todas partes. Los profesionales por la oportunidad de hacer lo que mejor saben y ver reconocido su trabajo, las empresas utilizando ese saber hacer, esa creatividad y originalidad para reforzar su imagen, diferenciarse y conseguir que el tercero en discordia en esta historia, el consumidor, reciba un producto o servicio de calidad y con un valor añadido que le haga estar más satisfecho.

El camino aún es largo pero poco a poco las enseñas se están dando cuenta de la importancia de cuidar esta parte de su imagen. Una parcela que dice tanto de ellas como la forma en la que se desenvuelven los profesionales que trabajan en sus filas, sus instalaciones, el producto que ofrecen o la calidad de su atención al cliente.  Un elemento importante que está ganando puntos y hueco en las estrategias de marketing apostando por una creación de contenidos escritos y audiovisuales atractivos, propios, creativos y directos a mejorar, por méritos de calidad y no de pago, el posicionamiento en los buscadores.

 

Imágenes con Licencia Creative Commons: Sakurako Kitsa