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Puede parecer imposible en los tiempos que corren, pero hay casos de distintos tipos de creativos que se resisten al dinero y cuyas convicciones aguantan en numerosas ocasiones sus embites. Fue el caso de Christopher Lee, que en su peculiar biografía cuenta con la experiencia de haber rodado una película renunciando a cobrar por ella porque estaba tan encantado con el guión que no podía dejarla pasar. «The Wicker Man» es ahora un film de culto en el género de terror cuya resonancia sigue teniendo ecos en el mundo del cine. En el otro lado del precipio tenemos a la señora Banks, que alcanzó el puente que le salvó de la bancarrota tras aceptar vender los derechos de su querida obra Mary Poppins a Walt Disney, quien llevaba 20 años tras ella. Otros han mostrado su rechazo al decir un sonoro «no» a premios que les han sido ofrecidos, como fue el caso de Jean Paul Sartre y el Nobel de Literatura. Un grupo de temerarios que han desafiado las convenciones y han asombrado en numerosas ocasiones al mundo al poner por delante su propia libertad creativa o sus valores.

Esa película por la que Christopher Lee no cobró nada

A pesar de que a muchos se les quedó grabado a fuego en la memoria a Christopher Lee como Drácula, lo cierto es que el longevo actor lleva tantas películas a sus espaldas que él mismo dijo en una entrevista en 2009 que debía de ser el intérprete vivo que más cintas acumulaba a sus espaldas. Su peculiar biografía tiene un punto de inflexión en la película «The Wicker Man» (El hombre de paja). Cayó en sus manos el guión de Anthony Shaffer (también guionista de «La Huella»), una adaptación de la novela «Ritual» y ese fue el principio de todo. El actor estaba tremendamente emocionado con el proyecto. Pero el caché de Lee era demasiado para la producción dirigida por Robin Hardy, así que se decidió y renunció a él para poder participar en el proyecto. Su instinto no le falló: a día de hoy él mismo cree que es una de las mejores películas que ha hecho.

La historia juega con el terror de la época (la película se estrenó en 1973) y se ha convertido en toda una película de culto en la que el paganismo es el elemento central. Un policía de Scotland Yard es enviado a una isla para investigar la desaparición de una niña pero termina (ATENCIÓN: SPOILER) quemado vivo.

 

Rechazos a premios: otra manera de plantarse

En toda la historia de los Premios Nobel de la Literatura sólo un nominado puso por delante sus convicciones antes que el suculento premio (en coronas suecas) que se entregaban al premiado. Es el caso de Jean-Paul Sartre (en 1964), quien envió una carta a la academia en la que explicaba que tenía como norma no aceptar ningún reconocimiento y que creía que los lazos entre cultura y hombre debían estrecharse sin la intermediación de las instituciones. También señaló que aceptarlo implicaría perder su identidad como filósofo. Borís Leonídovich Pasternak, autor de «Doctor Zhivago» también rechazó el premio, pero lo hizo en plena Guerra Fría presionado por el gobierno soviético ( «Peor que un cerdo. Ni un cerdo caga donde come», es lo que le dijeron).

Sin ir tan lejos en el tiempo, en el reciente 2012, el escritor Javier Marías rechazaba el Premio Nacional de Narrativa a su novela «Los enamoramientos» por su «deseo de ser consecuente», ya que había esquivado durante toda su carrera a las instituciones oficiales del Estado, incluido Televisión Española y las universidades. También había señalado en varias ocasiones que no aceptaría ningún reconocimiento que proveniese de fondos públicos.

P.L. Travers: venderse tras 20 años de embistes

P.L. Travers, autora de la novela Mary Poppins tuvo una lucha interna considerable en el momento en el que finalmente se vió abocada a vender los derechos de su obra a Walt Disney para la realización de la película. No quería que en ella apareciesen dibujos animados y puso como condición tener poder de decisión sobre el guión. Pero la realidad es que finalmente en el estudio se cansaron de sus condiciones y su carácter y no la dejaron volver a entrar. Tampoco la invitaron al estreno, aunque se dice que se coló y lloró por lo que vió. Ella siempre renegó del resultado, pero los 100.000 dólares del momento (equivalentes en la actualidad a más de dos millones de euros) ya habían llegado a su cuenta.