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El Diccionario, el de la Real Academia Española (RAE),  ya hace Pilates y claudica con el bótox. Las páginas más oficiales en cuanto a corrección lingüística se refiere se adaptan una vez más a los nuevos tiempos y retiran la etiqueta de “ilegales” a palabras recién llegadas como escrache, cameo, customizar, naturópata o precuela. Todas ellas jurarán su fidelidad a la lengua española a partir de octubre, cuando se celebre la publicación de la 23ª edición del Diccionario, aunque sin perder de vista que compartirán calle con otras tantas palabrejas que han burlado los radares de la RAE y que, a golpe de abreviaturas de WhatsApp o anglicismos potenciados por Internet y las redes sociales, también parecen haber llegado para quedase.

Con entrada o no en el diccionario, al menos de momento, el aterrizaje de estos nuevos términos nos recuerda que el lenguaje es una sofisticada herramienta en constante evolución reflejo, además de las preocupaciones y tendencias de la sociedad en la que nos movemos. Una sociedad en la que convivimos con personas a las que les gusta hacer un selfie y entre las que está de moda comprarse unos zapatos peep toes para completar un outfit perfecto, con print, cuello halter, ya sea casual o minimal, pero que te pueda dar opciones de ser una bloguera -esta última palabra sí está ya en la RAE-  con cientos de seguidores y algún tipo de hueco en los front row.

Bromas aparte, no es ninguna novedad decir que los anglicismos y algunas palabras con toque francés, como prêt-à-porter o bouquet gustan y tendemos a ellas. Otras tantas como yes o el caso de ok nos llegan a convencer igual o más que nuestro manido “sí” o el “de acuerdo” de toda la vida, más si cabe porque se ajustan como anillo al dedo a las conversaciones relámpago vía móvil. Un terreno en el que el gusto por lo breve también está aportando su contribución al idioma creando una especie de dialecto propio que sigue despertando la polémica y las iras de muchos colectivos. ¿Por qué? Pues a cuenta de cambios de letras al estilo “Hla wapa. K hase?” o determinadas alergias a la “h”, que por eso de ser muda… ni aparece muchas veces, entre otras tantas variaciones estilísticas.

En esta mutación del lenguaje juegan también hoy un papel importante los gestos y las caras, que convertidos ya en evolucionados emoticonos coronan las conversaciones escritas vía smartphone entre caritas sonrientes 🙂 y signos picarones, algunos de elaboración más casera a base del punto y coma y el paréntesis de toda la vida.

Sea como sea, la entrada de nuevas palabras contribuye a mantener el buen ritmo de nuestro lenguaje. Cuidarlo, hacerlo crecer y no dejar que se convierta en algo ininteligible ya es otro cantar, en el que más nos vale a todos ir afinando.

Imágenes con Licencia Creative Commons: Pam Loves Pie

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