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Quizá la Historia nunca haya sido suficientemente justa con Alma Reville, la que fuera mano derecha de Alfred Hitcock durante más de cincuenta años y pareja sentimental. En ese tiempo no sólo fue su apoyo en lo emocional y familiar, sino que el brutal éxito del célebre director de cine se debió en parte a esta gran mujer que trabajó desde las sombras y ni siquiera aparece en la mayor parte de los créditos de las películas en las que participó. Editora, guionista, montadora y script excelente, su pulso con el reconocimiento profesional ha rendido cuentas en los últimos años con algunas películas y el libro de su hija: La mujer tras el hombre.

Ella fue siempre su defensora más acérrima y a quien él siempre acudía a la hora de tomar una decisión importante (algunas tesis apuntan a que el gran ego cinematógrafo era incapaz de tomarlas por sí solo). El apoyo que le ofreció en todo momento llegó hasta el punto de validar la decisión de Hitch de hipotecar su propia casa para la realización de la mítica película Psicosis, que tuvieron que financiar ya que la productora no veía claro este proyecto (ahora esa decisión nos recuerda al anuncio del Smart: ¡Yo no lo veo!). La música que acompaña la tan célebre escena de la ducha de la película fue también una elección de Reville. Son sólo algunos de los méritos que se le atribuyen en la actualidad y a los que se les ha dado altavoz.

La influencia de esta mujer de pequeña estatura no sólo está en muchos de los aciertos que tuvieron lugar en los rodajes, sino que también inspiraba a Hitchcock en el contenido de sus películas. De hecho, el biógrafo del director William Rothman afirma que hay tres filmes en los que la codependencia que tenía éste hacia su mujer se representaba de alguna manera: Yo Confieso, El Caso Paradine y Frenesí.


Uno de los pocos reconocimientos que obtuvo esta profesional del cine fue cuando al señor Alfred Hitchcock se le otorgó un premio del American Film Institute a su extensa carrera un año antes de su muerte. Alrededor del minuto 3.15 del vídeo, el conmovedor momento en el que el cineasta agradece la labor de su compañera de trabajo:

[blockquote]Tengo que agradecer a cuatro personas su cariño, reconocimiento y ánimos. La primera es una excelente editora fílmica, la segunda una guionista excepcional, la tercera es esposa y madre de mi hija Pat y la cuarta una cocinera sin igual. El nombre de las cuatro es Alma Reville.[/blockquote]

Una heroína invisible en la historia del cine

Ése es el título que la actriz Helen Mirren, encargada de dar vida a la editora en la película Hitchcock, le ha otorgado. Fue una pionera dentro de ese mundo, en el que empezó a trabajar con tan sólo 15 años gracias a su padre, que era ayudante de vestuario en los estudios Twickenham. Allí fue donde conoció al que más tarde sería su marido previa conversión al catolicismo. Empezó a trabajar con él en todas sus películas, pero también trabajaba de forma independiente en otros proyectos. Al parecer, su voz sobre los montajes y los guiones no sólo era escuchada, sino tenida más en cuenta que la de nadie, al menos para su compañero.

Acusaciones de acoso sexual contra Hitchcock

Muchas fuentes han señalado la obsesión que sentía el director por sus actrices rubias, algo que se muestra en la película Hitckcock, de Sacha Gervasi. Un caso que se ha llevado a la pantalla es el de Tippi Hedren, actriz que encarnó el papel de protagonista en Los Pájaros y Marnie La Ladrona. Su relación, que empezó siendo entre maestro y pupila, acabó teniendo tintes de amor-odio. La actriz afirma que pidió a Alma que interviniese para frenar a su marido, cuyos abordajes en tono sexual tenían cansada a Tippi. Sin embargo, según su relato, Reville miró en otra dirección y se marchó con hielo en los ojos. Una historia que se cuenta en el trabajo televisivo de la BBC The Girl.

Una época diferente, un mundo laboral distinto y esa tendencia a dejar el protagonismo a los hombres son algunos de los ingredientes de la receta que motivó este eclipsamiento de una de las mujeres que más ha influido en la historia del cine. Una cuenta que dista mucho de ser saldada.

Imagen de Corbis/Latinstock