Share Button

En una etapa cada vez más competitiva y globalizada las empresas necesitan proyectar unos valores que conecten con la ciudadanía

Las empresas tienen en los tiempos que corren nuevas exigencias, nada más y nada menos que ser buenas ciudadanas. Más allá del concepto de marca, compañía o negocio la gente, la de la calle, que en definitiva es la que compra busca encontrar detrás de una enseña, a un equipo de personas con el que pueda compartir o identificarse con unos valores afines que vayan más allá del «yo te compro y yo te vendo».

En los últimos años, la competencia y los cambios introducidos por las nuevas tecnologías han puesto sobre el tablero de juego matices diferentes que afectan a la forma en la que el público se relaciona con el tejido empresarial. Diferencias que han obligado a los directivos a darle una vuelta de tuerca a la forma de presentarse en sociedad, ofreciendo una versión más completa y cercana de su forma de ser y proceder.

Diversos estudios constatan este hecho y dejan claro que los compradores mirarán mejor y estarán dispuestos a pagar más por aquellos productos o servicios ofrecidos por empresas comprometidas con la sociedad o con un estilo de vida que consideren positivo para el colectivo.

Con esta nueva orden en la cocina disciplinas como el marketing, la comunicación y la publicidad se esfuerzan por construir y reforzar una imagen que responda a las expectativas y valores de ese nuevo perfil de cliente. En el caso de un terreno con una naturaleza un tanto más agresiva como es la publicidad, por tratarse de una disciplina que directamente toca en el hombro del cliente para sugerirle que compre, esta necesidad de humanizarse se ha dejado notar con creces.

De esta forma, esta parcela ya de por sí ingeniosa, creativa y dirigida a buscar impactos y reacciones está siendo en la última temporada un marco perfecto para acariciar la fibra sensible de los consumidores, a través de propuestas en las que dejan constancia de sus buenas acciones, compromisos y proyectos.

Dentro de este catálogo de valores, las propuestas publicitarias de las principales marcas ofrecen mensajes cargados de moraleja que invitan desde a la autocrítica hacia la propia empresa por medio del humor, hasta reflexiones sobre la necesidad de dar más valor a los detalles sin importar el componente económico, la valía de las personas, la generosidad o la superación personal, más allá del reconocimiento público. Un especie de sendero de migas de pan que junto a las acciones de responsabilidad social y el resto de actuaciones desplegadas en el área de comunicación corporativa sea capaz de provocar en los consumidores la confianza necesaria que motive el esperado efecto abrazo.

Ejemplos de propuestas publicitarias en las que las empresas buscan proyectar valores que vayan más allá de la venta.

IKEA trabaja a la perfección en la creación de este tipo de valores a través de la publicidad ofreciendo auténticas historias directas a tocar la fibra, a hacer pensar dotando a sus exposiciones de ese puntito de calidez que borra de la cabeza del telespectador u oyente la palabra «compra, compra, compra…». En su última propuesta, la firma sueca conjuga componentes ganadores como los factores regalo navideño, niños, ilusión y el valor de la familia y de lo más simple y sencillo como premisa para ser feliz.

 

 

NIKE se esforzó en trabajar en un concepto muy en alza en los últimos tiempos como es el de potenciar la confianza en uno mismo. Desde las raíces del deporte, la compañía invita a sus compradores a valorar el éxito como un reto interior y personal que va más allá de cualquier reconocimiento público y que deja a todos en igualdad de condiciones y con similares oportunidades.

 

 

COCA-COLA ha explorado ese concepto de anteponer la persona a la marca exigido por los compradores y ha adaptado a esta máxima el mensaje de su última campaña. En esta acción, este gigante de las bebidas quiere dejar claro que la valía de la persona es mucho más importante que el hecho de que te guste más o menos la fórmula mágica que se esconde en cada una de sus latas.

 

 

LOTERÍAS Y APUESTAS. En esta ocasión el sorteo clave de la Navidad ha tirado a dar en el blanco de la diana emocional con su última campaña. Un anuncio alejado de las florituras del año anterior en el que se ha apostado por ensalzar valores clave que beneficien la imagen de este producto como la amistad, la nobleza, la generosidad y el hecho de que más allá del dinero, la verdadera riqueza se encuentra tras los gestos más cotidianos.

 

 

NORDMET, una empresa del sector bancario noruego cierra este pequeño muestrario, con un ejemplo en el que la firma ha optado por reírse de sí misma, en el sentido más amable de la propuesta. Una apuesta por la transparencia y por limar esa idea generalizada de que un sector como el suyo no tiene demasiado sentido del humor.

 

 

Imágenes con Licencia Creative Commons: Kalexanderson