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Trabajar ya no es lo que era. Más allá de la crisis económica y la destrucción de empleo, la forma de entender este verbo está dando paso a nuevas acepciones. Vías diferentes que huyen de los patrones clásicos y que cuestionan las jerarquías laborales más rígidas, los tiempos y el espacio a la hora de desarrollar una actividad, las relaciones con la competencia o, incluso cosas básicas como el manual del buen vestir en la oficina, ya que ahora junto a la corbata trabajar en pijama es posible.

Palabras como coworking, aceleradoras, incubadoras de proyectos, startup o business angels resuenan con más fuerza abanderando una nueva actitud profesional con la que afrontar el complejo escenario laboral del momento. Una filosofía en la que la rentabilidad de los proyectos es vital pero que también está impulsando fórmulas de trabajo, en las que el intercambio de conocimiento, el potencial de pelear por una idea, el colaboracionismo y la confianza en el talento tiene su sitio.

Los cerca de doscientos espacios de coworking repartidos por toda España, rozando ya los 2.500 en un total de 80 países contabilizados en 2013 (Consultar censo en pdf) son prueba de ello. Un entramado mundial de instalaciones que ha captado el interés de muchos emprendedores por su capacidad para:

  •   reducir los gastos corrientes de oficina. Los precios oscilan entre 75  y 200 euros al mes (según las ciudades y prestaciones).
  •  contar con un espacio que no es la casa de uno. Separando ocio y trabajo.
  • crear una comunidad profesional activa

Puedes consultar aquí diferentes espacios de coworking en España.

La razón de ser de estos centros sigue la estela de los viveros de empresas impulsados por instituciones, cámaras de comercio o universidades, aunque con unas condiciones de permanencia y selección de proyectos menos rígidas. Una fórmula que ha permitido, del mismo modo, que muchos negocios pudieran crecer y poner en valor la capacidad de emprender.

Esta forma de actuar, que gira en torno a la actitud vital de ser motor y no remolque, es la que se está sembrando en la calle, la de una nueva generación que está viviendo de cerca el paro en sus hogares, que ha desterrado la idea de ser becario y jubilarse en la misma empresa y que lleva en vena, porque camina a su ritmo y no corriendo tras ellos, los avances y posibilidades de las nuevas tecnologías. Una generación más autónoma, con mayor capacidad de adaptación a los cambios, hiperconectada y propensa al intercambio social como fuente de crecimiento.

http://youtu.be/wcNVBWlBe34
A la espera de ver como culmina este relevo, es importante destacar el papel de otros actores, palancas de cambio en este escenario del intento, con casos pioneros como el de Frederick Terman, decano del departamento de Ingeniería de la Universidad de Satnford (EE UU). Su confianza en el proyecto de dos estudiantes y sus 500 dólares fueron el motor de arranque de la compañía Hewlett-Packard o HP. Un business angel de 1938, que hoy comparte valores con otros muchos inversores dispuestos a tirar de talonario, pero también a proporcionar otros factores clave para empezar un negocio, como son una red de contactos sólida o experiencia profesional.

En España existe la Asociación Española de Business Angels Networks (AEBAN).

Esta red de padrinos ha ido aumentado la familia en los últimos años sumando convocatorias de ayudas que llegan tanto de empresarios particulares como de instituciones o gobiernos, como es el caso de Chile. Un grupo activo guiado por la máxima de generar oportunidades e intentar hasta lo imposible para que, como dijo Hermann Hesse,  lo posible pueda surgir.