Share Button

Que el Nautilus propulsado por energía limpia fue toda una premonición, un ejercicio de imaginación con pirueta que acabase convertido en realidad no fue un hecho aislado. Es tan sólo una de las muchas ideas que acabaron saltando de los libros al mundo físico gracias a la portentosa mente de Jules Verne. Una aportación al llamado progreso que se ha homenajeado, citado y recordado a lo largo de más de 110 años. Y, sin embargo, Jules Verne no estaba solo. Hubo muchos otros escritores adelantados a su tiempo que hicieron cabriolas con su mente en sus incursiones por la ciencia ficción. Hoy destacamos las aportaciones de Infántiev, que ya en 1896 daba rienda suelta a toda una serie de tecnologías que hoy están más cerca, pero que sin duda en aquel momento eran una auténtica chaladería. Y no dejamos de lado las incursiones metafísicas de Stanislaw Lem en unas predicciones de futuro que le suscitaban profundas preocupaciones.

Porfiri P. Infántiev: de las proyecciones holeográficas a los superordenadores

Su obra, originalmente titulada “Los habitantes de Marte”, pero finalmente bautizada como “En otro planeta. Tratado sobre la vida de los habitantes en Marte”, data de 1896. En ella este escritor y periodista se anticipa a creaciones como la energía solar, las proyecciones holeográficas y de diapositivas o la elaboración de comida artificial. También describía en este escrito lo que hoy llamamos CD, DVD o GPS.

Si le hubieran dejado, habría llegado a nosotros probablemente alguna cosa más. Y es que dos de los capítulos de esta obra fueron censurados en plena revolución bolchevique. Justo cuando se arrancaba a contar cómo un humano en el cuerpo de un marciano acompañado de una lugareña entraban en un edificio oficial con supercomputadoras que controlaban todo. Un adelanto de lo que hoy en día son algunos de los centros neurálgicos gubernamentales. Sin embargo, esta proyección mental no ha llegado a nuestros días y no tenemos manera de saber cómo imaginaba este escritor del siglo XIX estas construcciones humanas ni si se acercaban a lo que hoy en día conocemos.

Lo primero que me saltó a la vista fue una especie de enormes armarios, adornados profusamente con diversas esferas de medición, dispuestos a lo largo de toda la inmensa sala. Junto a ellos se aplicaban algunos marcianos, sin prestarnos la menor atención. Pero, cuando nos adentramos en la sala, uno de ellos se acercó:

-¡Caramba! ¡Si son Liberia y el señor No-El! ¡Sean bienvenidos!-nos saludó cordialmente-. Hacía tiempo que les esperaba. Pax me avisó de que tenían intención de visitar nuestro Departamento.

(…)

-Fíjese por ejemplo en ese armario-dijo señalándolo y llevándome junto a uno de esos enormes bloques, en cuya parte superior rezaba la inscripción: “Agricultura”.

Stanislaw Lem: la proyección de la inteligencia artificial y la bioingeniería

Camuflando muchas de sus ideas en la ficción, este pensador, escritor y visionario de origen polaco tuvo una producción literaria prolífica. Stanislaw Lem, considerado como uno de los maestros de la ciencia ficción, marcó su obra con pensamientos filosóficos como su latente preocupación ética por la cuestión de la inteligencia artificial. Respecto a esta idea se preguntaba a menudo cuáles eran sus límites, cómo iba a usarse y cuál sería el objetivo. Además, tenía un profundo interés por el desarrollo de la humanidad, algo que germinó en gran parte de sus obras. Unas preocupaciones constantes que se mezclaban con el humor y las historias imposibles como la reconstrucción de un hombre tras un accidente a base de trozos de su hermano muerto, un perro y una mujer.

A pesar de que está considerado un maestro de la especulación científica, filosófica y política, además de uno de los grandes referentes del género de la ciencia-ficción, Lem, que con los años se fue haciendo más y más pesimista no gustaba de esa categorización. Según el periodista Wojciech Orlinski, autor de un estudio sobre el escritor:

No le gustaba que lo consideraran autor de ciencia ficción. Creía que el género fracasaba en predecir el futuro, lo que resumió con el título de su última novela: Fiasco

Sin duda, toda una ironía.

Imagen con licencia de Creative Commons de James Vaughan