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“Todos los estilos literarios son buenos, excepto los de estilo aburrido”. Esta máxima aplastante de Voltaire deja ver, más allá de la sencillez con la que se expresa una verdad como un templo, uno de los muros de contención que sustenta el oficio de las letras. Una profesión o afición para muchos cargada de subjetividad en las valoraciones, en la que el lector es siempre quien tiene la última palabra. Es por este motivo que será ese mismo lector quien decida si las frases salidas de algunos “invasores” del gremio, unos con más tino que otros, merecen su atención o por el contrario recibirán el castigo de su indiferencia haciendo valer ese dicho popular de “zapatero a tus zapatos”.

Y es que, con el paso de los años la escritura ha ido sumando a su plantilla nuevos cultivadores de palabras de los estilos y géneros más diversos. Escritores no escritores que han encontrado en este duro oficio una forma de motivar, enseñar quehaceres y conocimientos, desahogarse y, en algún que otro caso, simplemente seguir haciendo caja.

Ejemplos hay muchos y para todos los gustos pero por el número de ejemplares vendidos por algunos de los rostros que aparecen en portadas y contraportadas, más allá del merchandising que avala a más de uno de estos creadores se encuentra esa valoración de un público, que a través de sus decisiones sigue dibujando el mapa de sus necesidades y preferencias.

Mejorar, conocerse a uno mismo, tener éxito en la vida y en especial, ser feliz. Estas inquietudes compartidas por cientos de personas han abierto un hueco importante a la aparición de todo un movimiento editorial dentro de la categoría de autoayuda con nombres, algunos de ellos profesionales reconocidos de otras disciplinas, que son ya auténticos gurús en esta búsqueda de la armonía y la felicidad.

Escritores no escritores, como dijimos antes que han encontrado en el verbo escribir su forma de contribuir a la sociedad, con casos como el del psicoterapeuta Wayne Dyer que lleva a sus espaldas unos números de ejemplares vendidos desbordantes a cuenta de sus más de treinta títulos, entre los que figuran “Tus zonas erróneas” o “El poder de la intención”.

La ayuda en los momentos difíciles a través del relato de experiencias personales ha encontrado también su lazo de conexión con el lector. En esta parcela, obras como la “La última lección” del profesor de informática americano Randy Pausch se han elevado hasta la categoría de best seller. Un libro en el que el autor afrontaba de la forma más optimista posible el diagnóstico del cáncer terminal que le habían diagnosticado y que acabó, finalmente con su vida. “No podemos cambiar las cartas que nos han repartido, sólo podemos tomar decisiones acerca de cómo jugaremos esa mano».

El efecto espejo o la búsqueda en ese soporte de un rostro o un cuerpo parecido al de los personajes famosos ha generado otro rinconcito editorial, en el que proliferan títulos de éxito entre el público, algunos no exentos de polémica, como es el caso de “It’s all good”, la obra sobre salud y nutrición firmada por la actriz Gwyneth Paltrow, quien ya contaba con un título anterior, “Hija de mi padre” que también triunfó en las librerías.

El deporte y la capacidad de superación alienta, de igual manera a los lectores y frases como la que da título al libro del triatleta y bróker Joseph Ajram “¿Dónde está el límite? ha calado entre el público dejando su huella en forma de ventas y seguidores del deportista.

Y en esta lista de escritores no escritores también hay políticos, economistas y algún que otro caso híbrido que, además ha vivido la experiencia de pasar una larga temporada entre rejas dando forma a un estilo propio como el del exbanquero Mario Conde, elevado ya por muchos a la categoría de fenómeno editorial con libros como “Memorias de un preso”. Además, destacan otros casos como el del expresidente del Congreso José Bono relatando en formato anécdota sus vivencias políticas en su obra “Les voy a contar ”

Para terminar este artículo, solo hacer referencia a unas frases que definen lo que significa ponerse delante de la hoja en blanco. Unas palabras que van más allá de vocaciones, intrusismos, aficiones o finalidades y que exigen a escritores o escritores no escritores un poquito de reflexión y de compromiso con los principales actores de esta historia, los lectores.

No se es escritor por haber elegido decir ciertas cosas, sino por la forma en la que se digan

El escritor original no es aquel que imita a nadie, sino aquel a quien nadie puede imitar

Las palabras constituyen la droga más potente que ha inventado la humanidad”

 

Imágenes con Licencia Creative Commons: Bastian Klak