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9 de septiembre de 1954. Esquina de Lexington Avenue con East 52nd Street, Nueva York. Tal vez estos datos no te digan mucho pero si añadimos a una pareja paseando, ella con un vestido vaporoso blanco que resalta su pelo rubio y una trampilla de metro por la que se escapa una bocanada de aire que pone su falda en movimiento, tu mente seguramente habrá dibujado una respuesta.

Sí, se trata de la popular actriz Marilyn Monroe en una de las secuencias rodadas para la película La tentación vive arriba y más allá de una prueba para amantes del cine, el objetivo era poner los focos sobre esas imágenes, elementos, gestos, sintonías o palabras sobre las que se posa la mente y termina forjándolas casi a fuego en nuestra capacidad de identificación y recuerdo.

El poder de las masas y la repetición también hace su trabajo pero hay que reconocer que existen composiciones acertadas, producciones repletas de impacto que conjugan los elementos justos para actuar como un taladro en nuestro cerebro y ganarse esa etiqueta identificativa que, muchas veces más allá de cuestiones como la calidad, hace que algunas propuestas funcionen y pasen al inventario colectivo.

Sin dejar de lado el cine, películas como Casablanca ensalzaron el atractivo de la capital francesa, del amor y las turbulencias que este sentimiento conlleva con frases que, incluso pronuncian quienes sin ni siquiera haber visto la película, tiran de ella para dar por zanjada alguna que otra historia difícil y abocada al adiós con un “siempre nos quedará París”.

Más sibilina para algunos pero no por ello menos efectiva, la publicidad también es buena en este juego y prueba de ello son frases como “el algodón no engaña”, por ejemplo, que ha quedado grabado en la mente de generaciones de la mano del mayordomo de Tenn o, en similar categoría el “busque, compare y si encuentra algo mejor… cómprelo” convertido en todo un dogma comercial y que llegó a nuestras mentes como reclamo de los detergentes Colón.

En un mundo cada vez más saturado de impactos conseguir este tipo de efectos es una tarea compleja y en parcelas como la de las ventas, una de las salidas ha sido la de intentar hilar aún más fino si cabe entrando en la mente de los destinatarios/usuarios/compradores haciendo uso de diferentes técnicas como el neuromarketing. Este tipo de estudios centrados en el cerebro y las respuestas que se activan ante diferentes estímulos son cada vez más populares, aunque no por ello han conseguido deshacerse de las sombras que les acompañan.

Científicos y pensadores advierten de lo positivo de los avances que esta disciplina representa pero también de sus aristas. Y es que, los resultados en esta parcela próxima a la neurociencia junto a las posibilidades de las nuevas tecnologías pueden llegar a desarrollar aparatos ultrasensibles capaces de detectar nuestros impulsos cuando, sin ir más lejos, nos detengamos ante una prenda de ropa o cualquier producto de comida. Una invasión a la privacidad como bien señalan algunos especialistas que deja en segundo plano el erotismo de Marilyn ante el riesgo de acabar convirtiendo a la sociedad en “una especie de colonia nudista mental”*.

Imágenes con Licencia Creative Commons: Bonnie James

*El término se recoge en el reportaje “Seducir al consumidor” emitido en la Noche Temática de TVE.