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La mente necesita impactos, referencias, atajos o una especie de reguero de miguitas de pan que la ayuden a seguir la pista de algunas cosas y retener en la memoria aquellas que le interesan o le llaman la atención, para bien o para mal. Con este fin los logotipos, los iconos o los símbolos son una buena herramienta con la que empresas, instituciones o personas tratan de impregnar significado a sus mensajes.

El poder de los símbolos es enorme siendo capaz de descargar en una fracción de segundo toda una batería de información y connotaciones en el cerebro provocando satisfacción, sospecha, confianza o desagrado. Para poner a prueba este argumento vamos a analizar un símbolo como es la esvástica. Una particular cruz que nació con un significado positivo pero que con el paso de los años ha arrastrado su propia penitencia desde que el régimen nazi pusiera los ojos en ella.

Del bienestar y la buena suerte a la huella del nazismo

Hoy en día el significado de gratitud y pureza que este símbolo llevaba aparejado ha quedado reducido a cero o a círculos bastante limitados. Lo comprobé en primera persona cuando tras un viaje a Japón traje para el familiar de un amigo un amuleto bendecido en un templo budista. Una pequeña pieza para llevar siempre encima y atraer salud y bienestar.

Hasta aquí todo sería normal, de no ser porque el amuleto llevaba grabada la esvástica. Esa cruz que en el momento de entregar el presente arrancó un “estás de broma” pero cuyo significado en sánscrito está ligado al bienestar, la prosperidad, la salud o la buena suerte.

Más allá de las anécdotas, la realidad es que ese significado positivo construido durante años en torno a la cruz gamada – los historiadores se remontan al siglo V a. c. y a la aparición de la svastika en los escritos sagrados del hinduismo- quedó arrollado por la inyección de identidad que le dieron al símbolo los nazis.

Y es que, tras la elección de este distintivo Adolf Hitler buscaba evidenciar la creencia de que los primeros arios de la India fueron el prototipo de los invasores arios, todo un símbolo para él de la supremacía blanca.

Tanto fue así que en 1938, una expedición de científicos de Alemania viajó hasta el  Tíbet con el propósito de encontrar el origen de la «raza aria». Una vez allí dieron con una estatua que llevaba inscrita una esvástica en su vientre, figura que viajó con ellos de vuelta a tierras germanas.

Un símbolo tabú para Coca Cola o los Boys Scouts

Con la intención de desmarcarse de esa asociación al nazismo, el símbolo ha sufrido algunas modificaciones en sus usos o directamente se ha eliminado sin contemplaciones. En este último grupo se situaron los boys scouts que no dudaron en prescindir de la esvástica que aparecía grabada en sus medallas al mérito.

Amante de la cultura asiática el escritor Rudyard Kipling (nacido en Bombay) empleaba este símbolo en las cubiertas de sus libros. Visto lo visto, ante el miedo a trasladar a sus publicaciones un mensaje que nada tenía que ver con ellos optó por suprimirlo.

En 1925, una marca como Coca Cola empleó también la forma de la esvástica en unos llaveros promocionales de la compañía que nunca más se volvieron a utilizar.

De igual manera, se apostó por quitar el símbolo de la cruz gamada de las banderas de la comunidad indígena de Guna Yala, localizada al noroeste de Panamá. Un punto cuya bandera se asemejaba mucho en colores a la española y llevaba en el centro una esvástica negra que con el paso de los años fue modificándose hasta desaparecer por completo.

 

Bandera Guna Yala y el símbolo de la esvástica

 

Para otros la cuestión no ha llegado a tanto y la esvástica continúa utilizándose. Es común en puntos como China encontrar este símbolo en algunos envases de comida vegetariana, ya que este distintivo sirve para indicar que el producto cumple con ese criterio saludable y de bienestar aparejado a este tipo de dieta.

 

El símbolo de la esvástica en la comida vegetariana

 

Imágenes con Licencia Creative Commons: f_mafra y Todd Mecklem