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Hablar con otras galaxias o buscar petróleo. Estas son algunas de las utilidades que las investigaciones sobre el neutrino están perfilando gracias a un grupo de científicos que no se quedan en la parte teórica sino que se hallan inmersos en diversos experimentos que tratan de sacarnos de dudas respecto a una partícula poco conocida por el común de los mortales. “Yo solía probar neutrinos” es sólo una muestra de ello, podríamos emplear la palabra con cualquier cosa, pero su significado se perdería en nuestra imaginación.

Ya se sabe que se podrían emplear para realizar radiografías de la Tierra y localizar yacimientos del llamado oro negro, ese bien que mueve dólares, mercados y que hace tambalearse a la política en muchas ocasiones. Y también se cree que desentrañando la información recibida a través de ellos quizá desterremos nuestra visión etnocentrista y descubramos nuevas informaciones sobre otras galaxias.

 

Algunos ya conoceréis esta partícula por Gino The Neutrino y otras muchas referencias en los diálogos de la serie de televisión Big Bang Theory, pero lo cierto es que la esencia y la importancia de los neutrinos en nuestras vidas es ampliamente desconocida para los no duchos en los temas de la ciencia. La partícula más pequeña que conocemos, la medida de realidad más ínfima que físicamente podemos diferenciar, es el objeto del estudio del laboratorio Ice Cube, situado en la Antártida. Podría decirse que se trata de un equipo de contraespionaje, ya que los neutrinos apenas dejan rastro de su paso por la Tierra al no interactuar con la materia y, además, apenas tienen carga. Y sin embargo, lo han conseguido. Un complejo detector soterrado bajo el hielo rastrea la información necesaria para localizar estas partículas, aunque algunas sean del tamaño de Manhattan. Es una poderosa herramienta para investigar la materia oscura que cuenta con más de 5.000 sensores distribuidos en 86 cables de acero embebidos en un kilómetro cúbico de hielo antártico bajo tierra.

El laboratorio subterráneo de Canfranc

Investigaciones como la que se desarrolla en el laboratorio bajo tierra de Canfranc (evitando a toda costa la radioactividad ambiental para los experimentos) en el Valle de Aragón buscan demostrar por qué el universo está hecho sólo de materia y que la antimateria desapareció instantes después de la explosión que dio origen a todo. Como contó Juan José Gómez Cádenas, profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el Evento Ciencia de Jot Down, el experimento NEXT (que él dirige) trata de investigar la llamada desintegración doble beta sin emisión de neutrinos del xenon. Un fenómeno extremadamente infrecuente que aún no ha sido detectado. Todo ello para explicarnos cuál es la naturaleza del neutrino y buscar respuesta a la pregunta:

[blockquote]¿Puede ser el neutrino su propia antipartícula?[/blockquote]

Cádenas, además, proyecta sus conocimientos científicos en la ficción, tratando de realizar hipótesis con la información de la realidad que tiene ahora mismo. “Como hizo Julio Verne con el Nautilus”. Fruto de este ejercicio de suposición es su última obra Spartana, una distopía donde la energía ha hecho dividirse al mundo en nuevos bloques y donde la brecha entre pobres y ricos se ha extendido a todo el mundo.

Sin embargo, de vuelta a la vida no ficcional, más de 70 investigadores e ingenieros trabajan en España para desarrollar NEXT (Neutrino Experiment with a Xenon TPC), un proyecto que además de todo lo anterior, tendrá repercusiones en el campo de la medicina, proporcionando avances tecnológicos. Gracias a ayudas económicas como la del European Reserach Council de 2,8 millones de euros, el laboratorio bajo el Pirineo centra las miradas del panorama internacional. A la espera de que nos hablen los neutrinos, despedimos la conexión intergaláctica.

Imagen de Creative Commons de The Nothing Corporation

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