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Algoritmos. Al final parece que todo lo relacionado con internet se reduce a eso, pero no. Detrás de los algoritmos hay personas y si hay muchas pueden tener la fuerza suficiente para cambiar esas fórmulas que llevan de cabeza a todo aquel que se dedica al marketing digital. La cuestión se basa en toda la información que estamos proporcionando a quien quiera leerla. Sólo necesita tener acceso a esos datos et voilà! Horas de publicación, momentos del día en que hay más gente conectada, estados emocionales, lugar en el que nos encontramos, si estamos solteros o en pareja, si acabamos de mirar una web sobre bebés...todo se relaciona de tal manera que empieza a tomar una nueva entidad.


El anuncio de la compañía belga Safe Internet Banking ya muestra de forma inteligente cómo estamos proporcionando una cantidad asombrosa de información:

Experimento de Facebook con el estado de ánimo

Facebook fue duramente criticado al realizar un experimento entre casi 700.000 usuarios sin su consentimiento en 2012, información que ha salido a la luz dos años después. Los investigadores querían probar si su estado de ánimo cambiaba si sus amigos publicaban sólo cuestiones positivas o negativas, para lo que modificaron el algoritmo con el que se controla la aparición de las publicaciones en el timeline. Facebook se escudó en mejorar el servicio y conocer el impacto emocional que puede tener su red social para justificar esta práctica.

El estudio lo realizó la Academia Nacional de las Ciencias de Estados Unidos y su conclusión fue a través de las redes sociales se contagian las emociones a gran escala. Vaya, aquel “hombro con hombro” de las teorías sociológicas, lo que hace que la emoción se contagie en un partido de fútbol o en un concierto.

Cuestión de adicción

Evan Henshaw-Plath, cofundador de twitter ha dado al botón de ¡Alarma, intruso! y afirma que la mayoría de las empresas tecnológicas realizan prácticas de experimentación con los usuarios de internet gracias a la gran cantidad de información que estos les proporcionan. Con todo ello, se buscan alteraciones químico-cerebrales en los internautas para crear productos adictivos y provocar que no dejes de chequear tus redes sociales ni un momento. Todo esto, según Henshaw-Plath.

 

 Un experimento psicológico ya puso de manifiesto (y continúa) con un videoblog de dos semanas cómo dos jóvenes de 29 años vivían sin estar conectados. La idea trata de probar cómo las redes sociales terminan siendo perjudiciales para nosotros y para los que nos rodean, de cómo nos aislamos y descuidamos las relaciones, entre otros efectos. Éste fue el vídeo en el que resumieron sus conclusiones:

 

 

Imagen de Creative Commons de vasilennka