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Las conversaciones intergeneracionales suelen dar lugar a interesantes contradicciones. En pleno año 2014 alguien cuyo recorrido vital no haya alcanzado los 35 años no tiene el background que una persona de 87, ni por supuesto, su misma visión. Si esto lo aplicamos al feminismo en las divas de Hollywood, la contraposición no puede tener una dimensión mayor. Contextualicemos, claro: el avance de la mujer con paso firme cruzándose todo el siglo XX no es nada desdeñable, a pesar de que aún resten injusticias por salvar. Sin embargo, los ojos de este milenio tienen una inevitable capa adquirida en la que las cosas no pueden ser de otra manera, en la que lo que ya está conquistado es una base firme e indiscutible desde la que verlo todo.

Así, un visionado de La gata sobre el tejado (caliente) de zinc -en la versión española se omitió el adjetivo- desde una perspectiva actual proporciona una imagen de sometimiento de la mujer al yugo del hombre con la única misión en su vida de traer niños al mundo. Condenadamente machista. A pesar de ello, es bastante probable que si trasladamos los ojos a los de una persona con el doble o triple de recorrido vital pondrá la acción en otro contexto en el que los actos que se desarrollan en el film tengan impresos un carácter de fiereza y rebeldía.

Actitudes en los papeles femeninos de Hollywood

Sin embargo, las gatitas sobre los tejados calientes de zinc ronroneaban. Lo hacía Elisabeth Taylor en esta película en la que mostraba la cara más cariñosa de una gata con su forma de hablar, usando un tono aterciopelado y suave, siendo zalamera para conseguir su objetivo. Éste no es otro que recuperar a su marido, un Paul Newman que hace el papel de un alcohólico completamente hundido. Unos ronroneos que son parte en la ausencia del feminismo en las divas de Hollywood, al menos en lo que se refiere a los estereotipos que proyectaban a través del celuloide, en los que la belleza, la ternura y la inocencia eran valores femeninos. Recordemos a esa (maravillosa) Shirley MacLain en su papel de El Apartamento (por el que fue nominada a los Óscar), en el que se retrata a la perfección aquel asunto tan común de las queridas, donde éstas son siempre unas pobres ilusas que ansían que su amor deje a la familia para vivir su tórrido romance en público. Concretamente en esta película, la actitud de la bella protagonista pasa por el suicidio con pastillas cuando su amado le manifiesta la imposibilidad de ese plan. Una idea que ahonda en aquello de que sin él no hay ninguna salida digna.

 

Si a alguien se le atribuye una contribución interesante al feminismo de las divas de Hollywood es a Katherine Hepburn, protagonista de películas como La fiera de mi niña. Gracias a este y otros papeles, la actriz se convirtió en la mujer moderna paradigmática por excelencia, incorporando un estereotipo femenino independiente e inconformista. Fuera de la pantalla su vida discurría por un sendero relativamente paralelo, en el que vivió a su manera, se separó y tuvo varios romances, el más importante de ellos con Spencer Tracy, del que dijo en sus memorias que una vez le pegó y ella nunca se lo recordó. Los empleados de los hoteles, además, rememoraban aquella imagen en la que la célebre Katherine Hepburn esperaba sentada y adormilada en el pasillo a que Tracy se despertase de sus borracheras para asegurarse de que estaba bien.

El test de Bechdel para saber si una película es machista

Quizá no haya que irse tan lejos para realizar visionados en los que el modelo de mujer que se representa ralle los límites de la dignidad. Películas de actualidad siguen reverberando esos viejos ecos en los que la connivencia de los directivos sigue haciendo un flaco favor a la sociedad. El test de Bechdel ha empezado a usarse como parámetro para discernir si una película es machista o no lo es, para lo que debe superar tres cuestiones: tienen que aparecer dos mujeres con nombre propio, tienen que hablar entre ellas y su conversación no puede versar sobre un hombre. Según este baremo muchas de las películas de nuevo sello estarían incurriendo en la desigualdad de géneros. Un método para identificar este problema que no es aceptado como norma común pero al menos hace pensar en la profundidad de los papeles que la mujer ostenta en las obras narrativas audiovisuales, cuya influencia y poder ha quedado demostrada a lo largo de los años.