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“Desde que tenía 17 años, no he hecho cosa distinta que levantarme todos los días temprano y sentarme ante un teclado para llenar una página en blanco con la única misión de escribir una historia, aún no contada por nadie que le haga más feliz la vida a un lector inexistente”. Gabriel García Márquez (1927-2014) dibujaba en esta frase esa prueba constante a la que se enfrenta el que ha convertido las letras en la forma de vivir su vida. Esa página en blanco, temida a veces pero tan llena de oportunidades.

Desde estas líneas, hoy rendimos en OntheRecord nuestro pequeño homenaje a uno de los grandes de la Literatura  y del trabajo del “plumilla”, alguien que dijo sin tapujos que “el Periodismo es el mejor oficio del mundo“. Y es que García Márquez construyó cada una de sus historias bajo la mirada y el olfato periodístico haciendo valer la máxima de que “la crónica es la novela de la realidad“.

Su afición por escribir empezó cuando tenía 17 años y le acompañó toda la vida. Un periplo por periódicos como El Heraldo de Barranquilla o El Universal de Cartagena, en los que vivía o malvivía, como cuentan quienes le conocieron, haciendo honor con sus camisas coloridas a su apodo de “Trapo loco”. Fue corresponsal en Europa, donde en plena Guerra Fría sudó tinta para que sus reportajes llegaran al público.  Y en esas trastiendas de la profesión, otro de los estandartes del oficio, como es Ryszard Kapuscinski reconoció el alma y la literatura que latía en sus trabajos.

Mientras forjaba “Cien años de soledad”, García Márquez siguió viviendo al son de los compases de la profesión en Cuba, donde fue parte de los ojos que retrataron la revolución y de ahí, a Estados Unidos o México. Dirigió revistas, se alzó con el Premio Nobel de Literatura (1982) y construyó un importante punto de encuentro para el oficio, la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI). Un proyecto docente al que se han sumado nombres de valor como el de Jean François Fogel, Jon Lee Anderson o Joaquín Estefanía.

García Márquez logró que sus obras, en especial Cien años de soledad, hicieran lo más importante en un libro, llegar al público. Pero pese a su éxito internacional, “Trapo loco” nunca perdió su posición dentro del tablero de la noticia, ese sentimiento de pertenencia a un grupo que le lleva a uno a asumir siempre, que no es el protagonista de la historia. Tal vez por eso, en uno de sus pasos por las urgencias de un hospital, no dudó en gritar a sus compañeros periodistas:  “Están locos, qué hacen allá afuera”.

 

El Periodismo es una pasión insaciable que solo puede

digerirse y humanizarse por su

confrontación descarnada

con la realidad

 

PD: La Fundación García Márquez ha abierto un espacio on line para compartir recuerdos y vivencias sobre el escritor y su obra. Si quieres, puedes dejar tu mensaje.

Imágenes con Licencia Creative Commons: Sebastián Freire