Share Button

El amarillo es un color que siempre se ha asociado a la mala suerte. Y es la primera palabra que le surgió en la cabeza a Arthur Dent una mañana cualquiera. En realidad, era por algo que había visto por el rabillo del ojo en la ventana: una máquina que venía directa a derribar su casa. Aunque Arthur Dent no lo sabía en aquel momento, el hecho de que derribasen su casa no tenía ninguna importancia, ya que unos minutos más tarde la Tierra iba a ser eliminada por los vogones para construir una autopista galáctica. Por suerte para Arthur Dent, su amigo Ford Prefect no era en realidad de Guildford, sino de un pequeño planeta próximo a Betelgeuse y, además, era investigador itinerante de la Guía del autoestopista galáctico cuya portada reza “Don´t panic” (no te asustes), por lo que sabía como colarse en una nave antes de morir explosionados.

Producción multiplataforma

Así arranca la novela Guía del autoestopista galáctico, la primera de una trilogía en cinco partes escrita por Douglas Adams y publicada en 1979. Una historia que escribió siendo veinteañero y que ha traspasado las barreras del tiempo y de los formatos. Después del rotundo éxito que supuso la emisión de la novela radiofónica en la BBC en 1978, Adams se decidió a mudar aquella historia a otro formato: la novela. Y cuando te mueves en la ironía y el humor absurdo, por qué no hacer una trilogía de cinco libros. Y no sólo eso, sino permitirte la licencia como autor de reescribir la historia en cada uno de ellos, con las consiguientes contradicciones entre las obras. A la mierda la coherencia.

douglas-adams

No obstante, esta historia ha mutado para adaptarse también a un videojuego, que tiene 30 años y sigue online, una serie para televisión (emitida en 1981), una obra de teatro,  un comic y, por último, una película que se estrenó en 2005, cuatro años después de que Douglas Adams falleciese de un ataque al corazón a la temprana edad de 49 años. Las dificultades de esta última producción audiovisual fueron muchísimas. Aunque Adams deseaba realizar una película con la historia, problemas con las versiones del guión, los productores y los directores hicieron que el escritor llegase a pensar que nunca iba a ser una realidad. A su amigo personal y agente literario desde 1981 Ed Víctor le dijo en uno de esos momentos:

Calculo que habré gastado un total de cinco años de mi vida profesional en esta puta película, Ed. No permitas que nunca lo repita

Sin embargo, su muerte supuso lamentablemente un revulsivo para que todo el mundo colaborase en la culminación del proyecto.

Otra de sus vertientes multiplataforma es la Guía sobre la Tierra H2G2 que fundó en 1999 y que está abierta a la participación de los usuarios.

La continuidad de la esencia de la historia y su aplicación a distintos formatos está más que justificada por los miles de seguidores (que, por ejemplo, celebran el Día de la Toalla en su honor-una toalla puede sacarte de casi cualquier apuro, según la guía-)  de esta obra de humor de ciencia ficción de finales de los años 70 en la que su autor ya dilucidaba algunas cuestiones que hoy son una realidad tangible. El más representativo ejemplo es la propia guía, cuya descripción es bastante parecida a un ebook:

 

Ford tendió el libro a Arthur.

-¿Qué es esto?-preguntó Arthur.

-La Guía del autoestopista galáctico. Es una especie de libro electrónico. Te dice todo lo que necesitas saber sobre cualquier cosa. Es su cometido.

 

Aunque también aparecen otros detalles más sutiles pero sin embargo inquietantes:

-¿Y acaso no eres -le dijo Fook, inclinándose ansiosamente hacia delante- mejor analista que el pensador de la estrella Googleplex en la Séptima Galaxia de la Luz y del Ingenio, que puede calcular la trayectoria de cada partícula de polvo de una tormenta de arena de cinco semanas de Dangrabad Beta?

Impacto creativo

El impacto generacional que esta obra ha dejado para los anales de la Historia es bastante manifiesto, sobre todo a nivel creativo. La canción Paranoid Android, de Radiohead, está basada en el robot depresivo Marvin que aparece en la historia.

Otra de las demostraciones de su influencia es el bautismo como Babel Fish del traductor automático que fuera de Yahoo y Altavista (que acabaron sustituyéndolo por Bing), pero que sigue existiendo. El pez Babel, que aparece en la novela, se inserta en la oreja y permite comprender lo que se dice en todos los lenguajes del universo mediante las ondas cerebrales.

Babel fish es también el nombre que elige un grupo musical noruego, un restaurante en Ucrania, un bistro en Canadáun hostal en Alemania, entre otros muchos amantes de la historia que han decidido honrarla de alguna manera. Su influencia ha sido tal que Google le dedicó un Doodle el año pasado para celebrar que cumpliría entonces 61 años.

Humor del 78, buena añada

La obra es un cúmulo de situaciones increíbles, absurdas, desternillantes e hiladas con suma inteligencia. La composición de una historia desde un enfoque totalmente anti-antropológico. Lo siento, los protagonistas no somos los humanos y el mundo no es cómo lo pensamos. Resulta que estamos bastante equivocados.

Recuperaremos la normalidad en cuanto estemos seguros de lo que es normal

Si hay algo más importante por ahí que mi vanidad, quiero atraparlo ahora mismo y pegarle un tiro

O el monólogo interior de una ballena cayendo al vacío:

Y es que resulta que…

Después de su aniquilación por los vogones para hacer una autopista galáctica, los dos únicos terrícolas supervivientes conocen que la Tierra sólo era un ordenador con vida orgánica destruido cinco minutos antes de que finalizase el programa de diez millones de años que habían encargado unos seres pandimensionales especialmente inteligentes: los ratones, que habían estado simulando ser objeto de experimentos humanos.

Su objetivo: conocer la respuesta a la gran pregunta de la Vida, del Universo y del Todo, formulada al superordenador Pensamiento Profundo, quien después de siete millones y medio de años pensando la respuesta contesta: 42.

Y como dijeron los delfines a los humanos, hartos de avisarles del fin del mundo y de que estos se lo tomasen como juegos de malabares: ¡Hasta luego! Y gracias por el pescado.