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Cualquier chica puede ser glamourosa. Lo único que tienes que hacer es quedarte quieta y parecer estúpida”

Con una belleza innata que la llevó a ser conocida como la mujer más hermosa de la historia del cine, Hedy Lamarr -autora de esta frase inicial- quiso dejar claro que, más allá de su cara bonita era inteligente y según muchos de los que la trataron pecó de humildad porque lo suyo era un coeficiente intelectual por encima de lo normal, que bien valía el calificativo de superdotado.

Actriz, ingeniera de telecomunicaciones e inventora de los sistemas y artilugios más dispares, esta diva del cine de Hollywood tuvo una vida que más bien parece inspirada en el guión de una película, en la que tienen cabida casi todos los géneros.

De su cabeza salió el diseño de la antesala del actual wifi, un collar fluorescente para perros, protagonizó uno de los primeros desnudos de la gran pantalla, fue casi espía a favor de Estados Unidos, vivió en un castillo en Salzburgo, dicen que llegó a seducir a su asistenta para poder escapar de su primer marido y entre todas las posibilidades que tenía a su alcance se decantó por adoptar el nombre de una actriz que, lejos del lado más rosa y romántico de la alfombra roja murió de una sobredosis de drogas. Toda una artillería de matices que componen la historia de una mujer compleja que rompió cualquier esquema trazado.

Hedwig Eva Maria Kiesler (1914-2000) nació en Austria en una familia de origen judío, en la que esos contrastes que tanto marcaron la trayectoria vital de la actriz ya se dejaban notar. Hija de un banquero y de una pianista, Lamarr apostó por una vía intermedia para comenzar a estudiar Ingeniería de Telecomunicaciones. Y ya desde bien joven demostró que tenía carácter porque tras tres años de estudios aparcó los libros para probar suerte en el cine.

A partir de aquí, su historia es un constante pulso entre el yin y el yang. Y es que la joven se decantó por el cine pero sin censuras ni ningún tipo de tabú para aparecer desnuda en la película “Éxtasis”, que la convirtió en la primera mujer en mostrar su cuerpo sin tapujos en una película comercial provocando, eso sí el estupor en pleno estreno de sus padres que abandonaron la sala escandalizados.

Hedy Lamarr: “Si usan su imaginación, pueden mirar a cualquier actriz y verla desnuda. Espero hacerles usar su imaginación”

Entre halagos y críticas, un magnate del sector armamentístico, Fritz Mandl que hacía negocios con Hitler entró en escena y prendado de la belleza de aquella chica sin complejos presionó hasta el punto de forzar un matrimonio obligado y aceptado por sus padres con el fin de enderezarla, una decisión que la encerró en una auténtica jaula.

Su marido la apartó del cine e intentó anularla pero un cerebro como el suyo comenzó a buscar una salida a su medida y aprovechó el tiempo de soledad para acabar su carrera y trazar varios planes de fuga, que acabaron por tener éxito llevándola a huir a París y a embarcase en un viaje con destino a Estados Unidos.

Casualidad o no, la vida quiso que se encontrara en alta mar con el productor de la Metro Louis B. Mayer y cerrara un contrato para continuar su carrera cinematográfica en Hollywood. Aún así, no todo le vino de cara y pese a su olfato, no supo ver más allá del título y el guión rechazando el papel protagonista de una película clave en la historia del cine como “Casablanca”.

El horror de su matrimonio despertó en ella un gran odio hacia el régimen nazi, una realidad que la llevó a facilitar mucha información obtenida en sus días compartidos con su primer esposo y relacionada con el armamento a los servicios de inteligencia de Estados Unidos. Y junto a estas tareas, Lamarr volvió a entrar en las cocinas de la ciencia para acabar patentando una primera versión de un tipo de sistemas inalámbricos ideados para uso militar, que ha inspirado años más tarde otras aplicaciones relacionadas con estos sistemas de comunicaciones como es el caso del wifi.

Combativa frente a cualquier etiqueta que quisieran imponerle, especialmente aquellas que la limitaran por el hecho de ser mujer, Lamarr no paró de dar golpes en la mesa para reivindicar que ella no seguía las pautas ni los estereotipos de la sociedad. Una posición desde la que quiso hacer valer el papel de la mujer rebelándose contra la belleza y, por otro lado haciendo visible con su ejemplo que el hecho de tener una cara bonita no estaba reñido con hacer trabajar al cerebro.

Inmersa en esa lucha inventó y patentó el primer lifting o técnica para alisar el cutis, se casó hasta en seis ocasiones y volvió a dar la campanada al dejar un pellizco de su herencia a un policía que, según quienes la conocieron la acompañó y ayudó en los últimos años de su vida.

Esa mezcla de fragilidad y rebeldía han marcado la biografía de Hedy Lamarr. Una belleza e inteligencia reconocida con el tiempo a partes iguales, a la vez que imperecedera como refleja la apuesta de una empresa de la talla de Corel, especializada en software, que no ha dudado en convertir a la diva en uno de los activos de su imagen de marca.

Hace unos días, Hedwig Eva Maria Kiesler, habría cumplido cien años. Una fecha de noviembre en la que en la actualidad se celebra en su honor un día que le hubiese gustado, el Día del Inventor.

 

Imágenes con Licencia Creative Commons: elena-lu