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Si el emporio de la factoría Disney tuviera que ser un animal seguramente no sería un ratón adorable, sino el animal de compañía que finalmente se aceptaba en el anuncio del Scattergoris: un pulpo. Sus tentáculos han ido creciendo hasta asemejarse a una de esas leyendas que poblaban las páginas de Julio Verne: en lo que va de 2014 ha conseguido un beneficio neto de 2.245 millones de dólares y la cifra de negocio ha alcanzado 12.466 millones de dólares.

El gran legado con el que soñaba Walter Elías Disney, a quien algunas tesis atribuyen un origen español, concretamente, de Mojácar; seguramente ha superado con creces las expectativas que el responsable del primer largometraje de dibujos animados pudiera tener. La explotación de estudios de animación y la producción artística, los canales de televisión y radio, edición de libros los parques de atracciones, los cruceros, la venta de productos derivados y una convención propia sobre el universo Disney son algunas de las chucherías que el octopus vulgaris gigante convierte en cash.

Los niños no entienden de ciclos económicos, explicaba en el año 2001 el responsable de Eurodisney, por eso no temían a ningún tipo de recesión. Y es que los pequeños de la casa son un target muy rentable. Y no sólo eso, sino que los padres disfrutan mostrando a sus vástagos ese universo maravilloso repleto de fantasía que lleva llenando corazones desde 1923. Remate y gol.

Escultura en el parque Disney
Imagen de Tom Bricker

Adaptándose a los nuevos tiempos

Disney ha sabido hacer crecer su emporio: la compra primero de Pixar y después de Marvel y Lucasfilm han sido algunos de sus hitos empresariales. Su expansión para abarcar una horquilla cada vez más amplia de público sigue la guía de continuar añadiendo contenidos de formato exitoso a su ya abultada cartera para conquistar a toda la familia.

En 2008 creó además un laboratorio de nuevas tecnologías, que se ha convertido en centro neurálgico del I+D de la compañía. Una de sus últimas hazañas es la fabricación de peluches mediante técnicas de impresión 3D, una aplicación innovadora ya que utiliza hilos de lana en lugar de plástico para llevar a cabo la producción. Una técnica que podría suponer una revolución en las máquinas de coser.

Tiene además Disney Accelerator, una lanzadera de empresas situada en Los Ángeles y que selecciona start ups para que aprendan dentro del programa de algunos de los grandes de Disney, Pixar y Lucas Film. Reciben también 89.000 euros y acceso a las instalaciones tecnológicas para poder desarrollar sus ideas.

Secretos bien guardados

A la compañía se le conoce un férreo control de sus tripas y una tendencia a guardar ciertas informaciones en secreto. A pesar de todo, cuando se conoció que la autoría del archiconocido Mickey Mouse no era de Walter Disney, sino de un artista holandés llamado Ub Iwerks, la empresa no tuvo problema en salir a explicarlo:

[blockquote]Walt nunca dijo ser un gran artista. Él era un productor conceptual. Iwerks diseñó la apariencia física del ratón e hizo prácticamente solo la animación de las primeras películas. Pero Walt fue el responsable de la personalidad del personaje y lo dotó con su propia voz[/blockquote]

Sin embargo, según la propia brandstory de Disney, un día el fundador de la empresa se encontraba en un tren y soñó con Mickey Mouse, que sólo tuvo que saltar de su mente al papel. Ahora parece más ambiguo, ¿Hum?

Walter Disney

Acusaciones contra el icono de Walt Disney

Pocas voces se atreven a alzar la voz en crítica abierta contra el creador del emporio de fantasía más grande de todos los tiempos. No obstante, las hay. Prueba de ello es la ópera The perfect american, una obra fruto de las palabras del escritor Peter Stephan Jungk y el célebre compositor Philip Glass, en la que se hace un retrato desconocido de Walter Disney: un ser adúltero, fascistoide, misógino y xenófobo.

En enero de este mismo año en una entrega de premios Meryl Streep, la actriz con más nominaciones a los óscar de la historia, cargó contra Walt Disney diciendo que era un misógino y un racista. Entre estas palabras, cabe destacar la lectura que hizo de una carta que el productor remitía a una mujer que quería formar parte de su equipo de animación:

[blockquote]Las mujeres no realizan ningún tipo de trabajo creativo relacionado con la preparación de los dibujos para la pantalla, ya que esa tarea corresponde en su totalidad a hombres jóvenes[/blockquote]

También los hay que directamente batallan contra los controvertidos clichés que esta corporación del entrenimiento disemina en sus producciones. Las críticas hacia las princesas que necesitan ser salvadas y los cánones de belleza de las mismas son algunos de los apartados en los que Disney no deja muy contentos a algunos padres. Una campaña en Change.org reunió más de 260.000 firmas para pedir a la factoría que no cambiasen el aspecto de Mérida, la princesa de la película Brave, recortándole la cintura y domando sus cabellos para hacerlos más delicados y esponjosos.

El ilustrador italiano aleXsandro Palombo realizó una serie de ilustraciones como crítica al paradigma de belleza de Disney. Bajo el lema “¿Te seguimos gustando?” presentó a las princesas de las películas de la productora con diversas amputaciones, aludiendo a lo que el artista considera una discriminación hacia los niños que padecen discapacidades.

La perfección que une todo el universo Disney se viene abajo con algunas de las sombras de su historia que muchos han ido enfocando con un haz de luz. Sin embargo, la reputación del emporio de la fantasía más grande de todos los tiempos es de díficil touché. Una construcción casi centenaria en la que el amor por las historias felices ha catapultado a un mundo ideal a millones de almas con necesidad del happy end.