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El ser humano es complejo y un tanto ambiguo como el titular de estas líneas. Diferentes estudios y experimentos se relevan cada año para conseguir comprender de una manera más precisa ese engranaje interno que hace a las personas, por ejemplo aumentar su nivel de felicidad, seguir o desmarcarse de las mayorías o comprender sus reacciones ante las emociones o estímulos que provocan en ellos la música, el cine o las palabras de otra persona.

Buceando en estas cuestiones llaman la atención los resultados arrojados por algunos trabajos de campo como el realizado por el Washington Post. Una pequeña prueba desplegada a pie de metro que sugiere que el gusto está socialmente condicionado y si no que se lo digan al prestigioso violinista Joshua Bell.

Acostumbrado a llenar auditorios en los que la gente está dispuesta a pagar grandes sumas de dinero por disfrutar en directo de su música vivió en sus propias carnes la doble vara de medir su arte fuera de esa aureola de prestigio. El músico aceptó el reto del Post y caracterizado para pasar desapercibido interpretó diferentes piezas de gran complejidad, entre ellas la Chacona de Bach, en un recital en exclusiva para los ajetreados usuarios del metro de Washington.

Resultado: Solo 7 personas se pararon, algunas y no muchas le dieron algo de dinero y aún muchas menos descubrieron que tras esas notas se escondía un talento reconocido, eso sí  en su formato menos glamouroso.

 

Ese poder del contexto y de las mayorías queda también claro en otros experimentos realizados y publicados en libros como La Espiral del Silencio, obra de la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann. Esta obra recoge una buena colección de instantáneas centradas, especialmente en el área de la política y el comportamiento. Investigaciones que muestran cómo, pese a la evidencia y a la realidad de lo que se muestra ante los ojos las personas suelen apostar por no desmarcarse del grupo llegando a distorsionar su realidad, al menos en cuanto a verbalizarla se refiere, para no dar la nota discordante.

En una de esas pruebas se preguntaba a diferentes individuos qué lapicero era el más pequeño. Las diferencias eran notables pero en un grupo formando por un buen número de compinchados dispuestos a sembrar la duda y otros tantos desconocedores del pastel, pues ganó el primero equipo y muy pocos apostaron por ser fieles a su visión y llevar la contraria al grupo.

Medidores de felicidad: el ranking de los países más happy

A esa ruta para echar luz a las reacciones del ser humano y su forma de interpretar la vida se suman diferentes medidores de aspectos tan básicos, valiosos y a veces complicados de alcanzar como la felicidad. Desde hace años la ONU centra sus esfuerzos en elaborar una clasificación para establecer qué países son los que cuentan con moradores más happy.

De acuerdo a los últimos resultados Dinamarca tira del carro de las sonrisas. Más allá de la enhorabuena a los vencedores, la importancia de este premio está en conocer las razones. Tras rascar un poco los resultados, la mayoría de los daneses hablaban de la felicidad y esa sensación como un concepto ligado a cuestiones como la confianza.

Resulta que los habitantes de Dinamarca confían y mucho en la buena fe de sus vecinos, en la tranquilidad que supone, cosa rara en otros sitios, dejar el carrito del bebé a las puertas de un comercio sin que pase nada. Una realidad que choca con otros escenarios en los que, sin ir más lejos dejar una bici es una prueba de fuego y en más de un caso, aún debes dar las gracias si al salir conservas una rueda y el sillín.

Este sensación de confianza reduce el estrés y ayuda a vivir de manera más confortable aumentando la sensación de felicidad. Otro experimento similar midió el grado de honestidad de la gente y tras sembrar de carteras llenas de dinero las calles más céntricas de diversas ciudades del mundo, acompañadas de los datos necesarios para poder devolverlas a sus propietarios, la realidad arrojó sus luces y sus sombras.

Los más iluminados: los finlandeses -devolvieron 11 de las 12 carteras; los ciudadanos de Mombai (India) 9 de 12 y en tercera posición los habitantes de Budapest con 8 de 12 carteras entregadas a sus dueños.

Pero, ¿de dónde surge este interés por medir la felicidad?. Pues, aunque no sea el primer lugar que vendría a la mente la respuesta, ya más conocida, es de Bután. Este país sin malicia, según muchos de sus visitantes ha trabajado en potenciar la felicidad entre sus ciudadanos.

La tarea gira en torno a la creación del concepto de Felicidad Nacional Bruta establecido y recogido en la Constitución de Bután. Un medidor de intangibles que compite con el más conocido PIB y que vela por conseguir dar una vida confortable y feliz a los habitantes de este enclave localizado en el sur de Asia.

 

“La felicidad es cuando lo que piensas, lo que dices y lo que haces está en armonía”

Mahatma Ghandi

Imágenes con Licencia Creative Commons: tlupic