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Si a los 10 años has escrito tu primer libro y a los 14 tienes problemas para poder cuadrar tu agenda por las numerosas propuestas que te llegan para impartir conferencias en institutos y universidades sobre lo que más te apasiona en la vida… algo está funcionando pero que muy bien. Este es el caso de Adora Svitak, una joven de Estados Unidos que lleva la creatividad en vena y que afronta su futuro con el claro objetivo de convertirse en una gran periodista. 

Devora libros, escribe, curiosea y reparte su tiempo en cosas propias de su edad, reacia a llevar el cartel de “cerebrito”. El caso de Adora es llamativo sí, pero no deja de ser un ejemplo más de cómo la motivación a edades tempranas, la apuesta en los hogares por animar a los más pequeños a experimentar, a dejar a un lado el miedo excesivo a equivocarse o a hacer el ridículo se convierten en aspectos clave en el desarrollo de los más jóvenes.

Se trata, como dicen los expertos de activar pautas de actuación y de respaldo que ayuden a los niños a creer en sí mismos y les animen a encontrar esos motivos o proyectos a través de los que crecer, sentirse útiles y valiosos. En esta línea, encontramos otros ejemplos de jóvenes, que sin ser genios han conseguido despuntar a una edad temprana. Amanda Loyola es una de las integrantes de ese grupo, ya que con sólo 16 años dio forma a una empresa innovadora y rentable que nació de un reto personal.

Su historia está vinculada a la de su mascota, una perrita llamada Princess que murió a causa de un cáncer. Amanda convirtió este hecho en su motivación para investigar e investigar hasta concluir que los componentes químicos de algunas comidas para animales podían acarrearles problemas. Tenía 14 años y algo claro que giraba en torno al verbo emprendimiento. Participó en diferentes programas de este tipo y para potenciar sus ideas las dio a conocer logrando hacer creer a los inversores en su proyecto. Una apuesta personal de la que nació  The Eco Dog Company, marca destinada a la venta de comida vegetariana y saludable para mascotas, que hoy es todo un éxito.

El caso de Amanda y Adora son dos muestras de perseverancia, creatividad y espíritu emprendedor animado al cien por cien desde casa. Con la finalidad de alimentar este tipo de valores entre los más jóvenes han surgido en los últimos años diferentes programas e iniciativas dirigidas a sacar ese instinto latente en los chavales. Una serie de iniciativas que se asientan también en la necesidad de mirar al futuro desde una óptica diferente en cuanto a valía y crecimiento personal se refiere, más ante la realidad a la que está dejando paso la fuerte crisis económica y la cada vez más dura competencia a la hora de desarrollar una carrera profesional.

De esta forma, encontramos programas en los que la educación va impregnándose de esta filosofía, con modelos como este puesto en macha en Estados Unidos bajo el nombre de Girl Startup 101, además de otros talleres y cursos similares que giran en torno a la música, los robots o los videojuegos combinando diversión, ideas, visión empresarial y trabajo en equipo para pasar de la teoría a la materialización de un proyecto.

En España existen también propuestas enfocadas a promover y activar este tipo de motivaciones entre los más pequeños de la casa y ejemplo de ello es el caso de Avalon Sustainability School. Una iniciativa social e intercultural destinada a crear “experiencias transformadoras” para los chavales convirtiéndose en un punto de encuentro, en el que el trabajo conjunto, el deporte, los idiomas y el conocimiento personal ayuden a esta generación a ampliar sus opciones de mejorar profesionalmente y como personas.

En una línea similar, se mueve EmprendeKids. Un proyecto distinto en cuanto a lo conocido hasta la fecha en el formato de campamento, en el que los participantes tienen a su alcance el entorno, el equipo y las herramientas necesarias para descubrir y desplegar su potencial emprendedor.

 

Imágenes con Licencia Creative Commons: Martinak15