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Radio Televisión Valenciana (RTVV) afronta su etapa más amarga. El anuncio de su cierre ha sacado a la luz, en directo y en prime time, sus mayores vergüenzas. Los trabajadores de la casa han abierto de par en par las puertas del complejo audiovisual de Burjasot (Valencia) y sus delegaciones para contar en primera persona, cómo muchas de las noticias se silenciaban o se distorsionaban, al compás de las llamadas realizadas por las diferentes cúpulas que han pasado por la Generalitat.

El rebote de estas declaraciones ha corrido como la pólvora por las redes sociales evidenciando una realidad que otros ya, unos años antes, habían contado. En formato libro, de papel como antes se estilaba, el pasado año 2000 un grupo de periodistas daba la cara para denunciar la deformación de un proyecto que vio como su carácter de servicio público se iba transformando en herramienta propagandística.

Bajo el título de “la Televisión (Im)posible”, cinco profesionales que pasaron por Canal 9 dejaron constancia de las miserias de aquella tele que comenzó a caminar en 1989 buscando dar espacio a la Comunidad Valenciana y a su lengua, pero que con el paso de los años y los resultados electorales empezó a perder el rumbo, hasta acabar escribiendo estos días el capítulo de su defunción.

Al hacerse pública la decisión de cierre del Consell y escuchar los testimonios de los trabajadores, muchos de ellos conocidos del día a día de la profesión, recordé algunos de los pasajes de aquel libro presente en la bibliografía de una asignatura de la carrera de Periodismo. Un relato cargado de vivencias, anédoctas, denuncias y amargura ante la impotencia de ver como Canal 9 comenzaba a envenenarse.

Entre los testimonios figuran críticas por los silencios a los que se vieron obligados los profesionales de la cadena en coberturas relacionadas con el expresidente de la Generalitat Valenciana, Eduardo Zaplana y el caso Naseiro, al aparecer su voz en una cinta grabada por la policía, a raíz del pinchazo a uno de los actores principales de esta causa, Salvador Palop.

La lista de noticias mudas suma otros episodios como el protagonizado en 1997 por el entonces conseller Luis Fernando Cartagena. Una fecha en la que el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana se hacia competente de la causa, en la que el mandatario estaba acusado por ocultar más de 164 millones de las antiguas pesetas a Hacienda. Canal 9 no ofreció reacciones ni lo sucedido, nada más allá de la ratificación del conseller en su cargo por parte de Zaplana. Su paso por los juzgados tampoco tuvo ni un segundo de presencia en los informativos.

Más tarde llegarían otros ejemplos como el accidente del metro de Valencia, ya en la etapa de Francisco Camps como presidente de la Generalitat.

Pero junto a lo malo también quedan recuerdos curiosos como el nombre de Canal 9, que llegaba como marca comercial para la empresa frente al identificativo general de Radio Televisión Valenciana, con el objetivo de acercarse un poco más al público de Alicante. Un nombre que nació de un concurso de ideas, en el que venció el peso del nou y el juego con la novedad, nou es nuevo –en valenciano-, según se recoge en el libro.

Asimismo, figuran otras citas como la emisión de Casablanca, la primera película que Canal 9 ofreció con doblaje en valenciano. Una cinta en la que Ovidi Montllor daba voz al Rick de Humphrey Bogart y entonaba en valenciano aquel “em sembla que este serà el principi d´una gran amistat”, testimonio del camino andado por una cadena que hoy afronta su peor desenlace.