Share Button

La búsqueda de lo rechazado, lo grotesco, aquello que quedaba completamente fuera de los estándares sociales fue un movimiento común entre algunos artistas encabezados por Tod Browning, director del célebre film Freaks. Mostrando personajes que vivían completamente apartados del resto, abocados a ganarse la vida en los circos mostrándose a sí mismos como unos raros especímenes, todos quienes quisieron retratarlos rompieron una línea invisible. Ésa que dictaba que no se debía llamar la atención sobre aquello que causaba aversión. Sin embargo, algunos grandes han seguido esta estela.

Freaks, la precursora de la exaltación de lo grotesco

Freaks, aquella película lanzada en 1932 contra el público para que se revolviese en su asiento fue uno de esos claros ejemplos de una cinta demasiado adelantada a su época. De hecho, el film fue prohibido en muchos países, no pudiendo verse en el Reino Unido durante más de treinta años. Una reposición en el Festival de Venecia en 1965 fue el punto de inflexión para muchos artistas que se sintieron influenciados por esta obra, que en su estreno fue un completo desastre. En España apenas pudo visionarse hasta 1997. Un espectáculo nunca concebido hasta entonces en el que los «monstruos» que hablaban sobre el celuloide no eran ningún montaje, sino seres humanos de carne y hueso. Fue la primera vez. Y por ello tuvo enormes consecuencias, sobre todo para la carrera de Tod Browning, que acabó maltrecha.

 

Freaks, que fue rodada en los estudios de Metro-Goldwyn-Mayer durante el año 1931, era la adaptación al cine de un relato titulado Spurs en el que se cuenta la venganza de un enano contra la trapecista que intentó quedarse con su dinero casándose con él. Esa es la única parte del escrito que se respeta, ya que el resto se sumerge en el género de terror de la época. La historia muestra como “personas normales” y “monstruos” acaban en el mismo bajo nivel. Un axioma que no compartían los trabajadores de los estudios, que se negaron a comer en las mismas instalaciones que los actores de la película, por lo que hubo que montar un comedor provisional exclusivo para el reparto del film. Entre ellos se encontraba Frances O´Connor, la mujer sin brazos; las siamesas Daisy y Violeta Hilton, con una triste historia; o el Príncipe Radian, el torso viviente, conocido por liarse y encenderse cigarrillos sólo con la boca.

Diane Arbus: lo grotesco frente a la cámara

Buscando en el inframundo social, allá donde las cámaras eran reticentes a mostrar lo que se exponía ante ellas, Diane Arbus dejó una firma imborrable. Una rúbrica con la que identificar su visión única sobre lo freak, lo monstruoso y lo grotesco que bailaban decadentemente alrededor de una serie de personas. Resultado de incursiones de muchas horas en el metro y en las calles. Hermafroditas varios, drag queens, seres deformes, enanos, gigantes y, en fin, todo aquello que la sociedad rechazaba. Influenciada de manera brutal por aquel Freaks (La parada de los monstruos, en español), siguió los pasos de Tod Browning en ese intento por sacar a la superficie las inoportunas rarezas de la naturaleza humana.

diane-arbus

Quizá su ojo era cruel. Buscaba entre los pliegues de la piel, en las miradas con destinos inusitados aquella fiereza y desconcierto de todo aquel desalineado con la estructura marcada. Una búsqueda que arrancó en su juventud, huyendo de la protección de una casa familiar acomodada demasiado perfecta. La vida surcaba por sus venas con el fin de encontrar algo distinto. Fue la Leica que tuvo hasta 1962 y una Rolleiflex las que dejaron constancia de esa insistencia por poner el objetivo en aquello que impactase a quien contemplase sus instantáneas. Los fotógrafos siguen tratando de estudiar sus caminos.

Fotografía tomada por Diane Arbus
 

La oscuridad que llevaba dentro le empujaba a buscar el lado más grotesco de casi todo. Después de pasar sus primeros años trabajando en el mundo de la moda, esa mancha negra en su interior le impulsó a hacer algo mucho más reactivo, donde lo bello se perdía en la profundidad de unos ojos. Una oscuridad que terminó de manifestarse cuando decidió poner fin a su vida en el año 1971.

David Lynch, el cineasta entra en juego

La película Freaks también influyó sobremanera en David Lynch, algo que puede verse en sus trabajos Ereaserhead y El hombre elefante. En la primera, el realizador aterrorizó al público norteamericano en 1977 con un bebé mutante. El resultado fue de un impacto arrollador. En la segunda, se basa en el caso real de Joseph Carey Merrick, un hombre con terribles malformaciones que tuvo que pasar casi toda su vida en circos para subsistir, al igual que la mayoría de los freaks.