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Hace ya algunos años, antes incluso de salir de la universidad,  se oía aquello del periodista-orquesta. “¡Tienes que saber hacer de todo! Igual te mandan a hacer una foto, un vídeo, locutar un texto, redactar una noticia, grabar un audio o todo al mismo tiempo. ¡Has de estar preparado!”. Con esa premisa salíamos de la facultad en 2006. Ya nos adelantaban algo de lo que luego oiríamos: la integración de los medios o cómo insertar la redacción digital en la del propio medio.

El camino que ha seguido Internet dentro de los medios de comunicación convencionales ha sido (y sigue siendo) intrincado, por decirlo de forma suave. Los editores empezaron a darse cuenta de que todo el mundo perdía tiempo delante de la pantalla, de que esperaban pacientemente a que sus módems de 64 kbps conectasen y les abriesen esa ventana al mundo. Su primo, su hijo o su cuñado le decía: “Oye, ¿vosotros no tenéis web?” (lamentablemente, así es como a veces se ponen en marcha los mecanismos del poder: por un hijo o un cuñado). Y entonces pensaron: vamos a coger a alguien de la sección de preimpresión (quienes realizan los últimos ajustes del periódico y lo envían a rotativa) o al informático o a un pobre becario en horario de noche y vamos a ponerlo a “volcar” todo el contenido de las páginas en la web. El resultado, obviamente, no estaba editado y era un batiburrillo de textos sin demasiado sentido. Pero al principio los internautas se conformaban con poco y además era gratis, qué carajo.

Poco a poco, pero muy poco a poco, empezaron a preocuparse más por internet y dejaron a una persona al cargo de la web. No era aquello gran cosa, pero ya representaba un avance. Sin embargo, no estaban dispuestos a hacer inversiones. Simplemente estaban en internet porque tenían que estar, porque seguramente empezaron a darse cuenta de que si no atabas tu presencia en ese nuevo mundo, para muchos ni siquiera existías.

diccionario
Definición de periódico y periodismo en el diccionario

Aurelio Martín, vicepresidente de la FAPE, explica a OntheRecord su punto de vista en este sentido: “Los editores entraron mal en internet. Las ediciones digitales estaban atendidas por técnicos y la redacción no participaba. Decidieron dar más información en las webs al mismo tiempo que no renunciaban al negocio del papel, que se fue al traste; algo que desde el punto de vista empresarial es un contrasentido”.

Empezaron a montar pequeñas redacciones para las web cuyos trabajadores eran contratados por una empresa distinta de la edición en papel en muchas ocasiones. Así, sus convenios eran más exiguos y sus salarios considerablemente más bajos. Era normal que dos compañeros estuvieran trabajando a una mesa de distancia y uno cobrase el doble que el otro (y sigue siéndolo). Cuando los de la web pedían socorro a los comités de empresa del papel había evasivas, era como un hermano pequeño que siempre está dando por saco. Así que, algunas webs, las que tenían suficiente número de trabajadores, formaron sus propios comités de empresa. Es algo que ocurrió por ejemplo en ABC, donde finalmente se integraron ambos comités, pero la web fue una simple moneda de cambio para que los compañeros de papel no viesen sus privilegios mermados.

Pero ¿por qué la reticencia de los propios periodistas al nuevo medio en todos los sentidos? Tenían miedo, decían que internet terminaría con la profesión, que cualquiera podía decir cualquier cosa en aquel campo abierto. “Una buena parte de la profesión ha sido muy reticente, no lo ha visto, ha habido un negacionismo. Vivían con cierta comodidad y un poco ajenos a la realidad en este sentido”, afirma Martín.

En septiembre de 2013, Jotdown entrevistó a Gumersindo Lafuente, uno de los impulsores del periodismo digital en España (ha liderado grandes proyectos como elmundo.es y elpais.com, además de soitu.es), que habló de esa visión que tenían muchos periodistas:

Un ex compañero tuyo de El País me resumía todo eso en una palabra, con su lado bueno y malo: “Lo que hizo fue evangelizar la redacción”.

También. Forma parte de todo eso. Porque nos encontramos una redacción con una mirada crítica hacia Internet, de espaldas a lo digital… La evangelización ha sido uno por uno, sección por sección. Muchos nos acusaban de matar el periodismo, no sabían que existía Twitter, no entendían cómo las redes sociales podían completar el periodismo y han cambiado radicalmente. Al llegar les dije a todos que el primer modelo de negocio era recuperar el liderazgo”.

Redacción local de un periódico
Redacción local de un periódico

La integración o convergencia estaba ya en boca de todos, a pesar de las reticencias por parte de muchos profesionales. Los grandes medios estadounidenses ya estaban aplicando distintas formas de organización en las que se involucraba a toda la redacción en la elaboración de la información independientemente del formato y finalmente los editores españoles empezaron a darse cuenta de que algo había que cambiar. Todo eso me pilló a mi en la redacción del diario La Verdad, en la delegación alicantina, donde había entrado para coordinar la edición digital en un puesto que no existía hasta que yo llegué allí un día y pregunté por mi mesa. Por ser la responsable de este cometido, me incluyeron en un grupo de trabajo de profesionales del periódico en papel, de la web, de la radio y la televisión que el diario tenía en Murcia; que tenía reuniones periódicas y cuya misión era llevar a cabo la integración estableciendo las pautas de formación y llevándolas a cabo.

Cuando volvía a la redacción de aquellas reuniones era como adentrarse en territorio comanche. Una se las vio y se las deseó en muchas ocasiones. Siempre se pueden encontrar honrosas excepciones. Periodistas que estaban deseosos de que les explicases cómo funcionaba esto y aquello, que te preguntaban si te importaba explicarles cómo hacer las cosas. Y muchos otros que no querían ni oír hablar del tema. Me armaba de paciencia y lo seguía intentando, pues era mi trabajo.

Carlos Pérez, del blog 233 Grados, especializado en temas periodísticos, cree que “no tiene mucho sentido mantener dos redacciones distintas. Lo lógico es que acaben confluyendo y se aúnen la experiencia y el conocimiento de internet. La convergencia es necesaria”.

En la actualidad, muchos periodistas web mantienen condiciones de trabajo bastante precarias, pero en un sector en el que los que toman las decisiones no han sabido capear la crisis y los despidos han sido multitudinarios, que un trabajador cobre una miseria y haga horarios maratonianos con turnos de noche tampoco parece que llame demasiado la atención. “Desgraciadamente no es noticia. Todos los periodistas están entrando a trabajar en condiciones penosas. Están echando a la calle a mucha gente de valor y se está produciendo una lesión de los derechos laborales en el periodismo en general”, explica el vicepresidente de la FAPE.

Eso sí, la concienciación con respecto a la importancia de internet ha ganado mucho terreno. A la fuerza, ahorcan.

En la imagen, la periodista Lucy Morgan en 1985, atendiendo

el teléfono mientras sostiene una cámara de vídeo. ARCHIVO DE FLORIDA