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Tras recibir una radiación comparable a lo que sería veinte veces las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki, Chernobyl quedó completamente devastado. Tras la marcha de la gente hubo un descanso para la naturaleza, convirtiéndose el lugar en una reserva radiológica, un parque involuntario donde la fauna y la flora han impuesto sus leyes al deshacerse de los humanos. Y les va mejor.

Los árboles que absorvieron la radiación son los que están en la zona que se ha bautizado como bosque rojo. Ejemplares que murieron y fueron enterrados para proteger al resto. Una capa de arena intermedia y nuevos pinos plantados han quedado en honor a esos especímenes de la naturaleza que cumplieron un papel fundamental en medio de aquel desastre medioambiental. Es imposible no imaginar la noche en el bosque rojo de Chernobyl, esa soledad infinita en un lugar cargado de tanta historia.

El 26 de abril de 1986 será un día inolvidable en la historia humana. El momento en el que tuvo lugar el mayor desastre nuclear hasta la fecha. Más de 200.000 personas murieron, 350.000 tuvieron que ser evacuadas y el cesio radioactivo voló por un área de 150.000 kilómetros cuadrados. Hoy, las manadas de lobos, osos, linces y alces pasan junto a los símbolos comunistas con una mirada de indiferencia, mientras el musgo y una inmensa capa verde de naturaleza han cubierto implacablemente toneladas de chatarra, edificios y carreteras.

Las consecuencias de la radiación

La ONU, a través del Foro de Chernóbil (en el que participan ocho agencias de la entidad) dice que se ha convertido en un santuario único para la biodiversidad. Además, algunos científicos valoran que la radiación que aún sobrevuela la zona no está afectando profundamente a la naturaleza que allí se ha instaurado.

Máscara en Chernobyl

Sin embargo, el biólogo Anders Moller de la Universidad de Paris Sud, en Francia, ha examinado la evolución de las especies animales en la zona durante veinte años y sus conclusiones son bien diferentes. Según sus estudios, las zonas con más radiación tienen menos animales, ha disminuido la capacidad de supervivencia, ha empeorado la calidad del esperma y sus capacidad para nadar ha mermado.

Aunque la principal radioactividad liberada en el accidente se refiere al cesio, en realidad hay 40 tipos distintos en la zona y algunos de ellos con una estimación de desaparición de 29.000 años, como es el caso del estroncio.

Parques involuntarios

El término parque involuntario es un neologismo acuñado por Bruce Sterling, periodista, escritor de ciencia ficción, ecologista y teórico del ciber espacio. Él habla en sus escritos de ciudades abandonadas por el crecimiento del nivel del mar debido al calentamiento global, pero la palabra se ha extendido para definir cualquier lugar que fue usado por humanos y que ha sido ocupado por la vida animal.

Hay más parques involuntarios además de Chernobyl. Es el caso de la zona desmilitarizada entre las dos Coreas, el atolón de Bikini (una de las islas Marshall) o las islas Montebello (Australia), en las que se practicaron pruebas nucleares. Remansos de una paz distinta, cargada de la vibración de la recuperación medioambiental de una zona que la raza humana colonizó y abandonó.

Imágenes de Creative Commons de Andrzej Karon y Roman Harak