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Que internet ha influido en la forma de contar historias es un hecho contrastado. Desde hace muchos años podemos ver que gracias a este nuevo universo se han realizado distintos experimentos provenientes de los más diversos ámbitos pero fundamentalmente desde el sector más artístico, cuya propia naturaleza propicia la prueba.

No ha sido el caso de la comunicación (propiamente dicha) hasta hace relativamente poco. Si tomamos como referencia el estado actual de las narrativas en internet y echamos la vista atrás puede decirse que la evolución ha sido realmente lenta. En un sector con tendencia al inmovilismo, la piratería que permitía internet consistió en su principal preocupación y no buscaron aprovechar los poderes del nuevo medio para expandir, crear, interactuar, etc.

Parece que todo esto empieza a cambiar ahora, aunque no en todos los ámbitos. Sin embargo, como una de las cosas que hay claras ahora mismo en el sector audiovisual es que las series de ficción están suponiendo un foco importante de entrada de ingresos a las cadenas de televisión, se han atrevido a dar el salto a probar con algo nuevo, por otro lado, requisito indispensable que la audiencia ya estaba pidiendo y necesario para su supervivencia.

Éste ha sido el caso de Águila Roja en España, que aunque no arrancó con la pretensión de serlo, se ha convertido en un ejemplo paradigmático de la narrativa transmedia, al igual que El Barco. Ambas producciones han suscitado historias paralelas a través de formatos diferentes. Y más allá de nuestras fronteras los ejemplos se extienden a La Guerra de las Galaxias (el caso más analógico), Matrix, Harry Potter, Perdidos, Juego de Tronos o Zelda entre otros.

Pero vayamos por partes: últimamente se oye hablar de nuevas narrativas, de multiplataforma, de crossmedia y de transmedia. ¿Qué es todo esto? Están apareciendo nuevas formas de contar historias que permiten la hibridización de formatos. Ya no es necesario elegir una sola vía: puede empezar con un cómic, seguir por una serie, pasar por una cuenta de twitter y acabar en una película. Según un estudio de la Universidad de La Coruña publicado en la revista de Comunicación y Tecnologías emergentes Icono 14, la diferencia es básicamente si se trata de un solo relato unitario desarrollado en distintos soportes (crossmedia) o se trata de historias interrelacionadas que se cuentan en formatos diferentes pero que guardan una independencia narrativa y sentido completo (transmedia). Lo que llamamos multiplataforma está en cambio más relacionada con la adaptación y consiste en contar la misma historia en soportes distintos.

Eduardo Prádanos, parte del equipo de creación de Águila Roja y El Barco, explica que la historia transmedia tiene que tener tres vértices:

-Un universo narrativo

-Distintos puntos de entrada a la historia

-La colaboración de la audiencia

Cualquier experimento crossmedia o transmedia tiene un requisito indispensable: hay que tener el apoyo de la audiencia. La interactividad propicia que los nuevos formatos más colaborativos puedan tener éxito. No serviría de nada que un personaje de ficción tuitease su día a día si nadie siguiese su cuenta o si no tuviese menciones o retuits. El fenómeno fan juega en el éxito o fracaso del producto un papel determinante. Prádanos afirma que los fans no van a ser sólo consumidores, sino prosumidores, esto es productores+consumidores, es decir, forman parte activa en la construcción de la historia.

Es fácil dejarse llevar por la #emociónfan y pensar que nos encontramos ante un producto transmedia cuando la web de una serie nos muestra contenido adicional, pero muchas veces rozamos la línea del marketing casi sin darnos cuenta. No. De lo que estamos hablando es de la parte creativa, la que ahonda en la propia historia, la que ofrece caminos paralelos coherentes con el eje troncal (en el caso del transmedia) y no con concursos o el blog de la serie en el que se habla de los actores, de los premios y ese tipo de cuestiones promocionales.

Pero más allá de los escarceos con el rendimiento económico al que la televisión se ve abocada a rendir especial pleitesía, el hecho de que las producciones audiovisuales empiecen a tomar en cuenta a la audiencia de esta manera, sin esperar que simplemente se sienten delante de la caja tonta y se activen formando parte de la construcción de una historia que les apasiona (ya que son fans), esperanza la visualización de un futuro cercano en el que los usuarios tengan algo que decir en el desarrollo de aquellos programas que van dirigidos a su propio entretenimiento. Larga vida a la #emociónfan.