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La estrategia de contenidos trazada para tu empresa no está a salvo de caer en la tentación. El equilibrio perfecto entre la cabeza y los instintos camina en ocasiones sobre un terreno minado, en el que las prisas para obtener resultados, el querer despuntar sobre la competencia o el dejarse arrastrar por acciones poco meditadas puede traernos de cabeza, hasta llevarnos a cometer alguno de esos siete pecados capitales recogidos por Dante Alighieri en La Divina Comedia, a los que la comunicación tampoco es inmune. Sin más ánimo que el de ser cautos, así como el de poder esquivar los castigos que acompañan a cada una de estas tentaciones, os dejamos esta pequeña guía de reconocimiento para estar al quite y no restar efectividad a tu estrategia de contenidos.

¿A qué nos enfrentamos?

Con el número 1, la Lujuria. El primero de los siete pecados capitales sabe sacar provecho a tus dudas y hará acto de presencia, especialmente en aquellos momentos de debilidad, en los que los responsables de la creación de los mensajes se dejen llevar por la búsqueda del impacto o cuando la ambición por ser los “más deseados, los más seguidos -retweets, menciones o “me gustas” incluidos- nublen el plan de acción diseñado para esta parcela comunicativa. Morder la manzana del querer más puede acabar haciéndole un quiebro a tu imagen de marca, rompiendo valores esenciales como la coherencia, si es que te dejas llevar por la publicación de artículos, imágenes, titulares o comentarios, que se pasen de vuelta, provoquen o generen una polémica, que más tarde acabe pasándote factura a modo de penitencia.

En el segundo escalón se encuentra la Gula. Ante este anzuelo, la máxima es no perder de vista que en comunicación “no todo vale”. A la hora de desplegar tu estrategia de contenidos, nunca olvides tus objetivos, quién es, dónde está y qué quiere tu audiencia y a partir de ahí confecciona un menú equilibrado, que respetes sí o sí, incluso en esos momentos más bajos en los que la vista se te vaya detrás de unos resultados, por ejemplo de éxito por parte de la competencia, pero que te distancian del recorrido y las metas que inspiran tu estrategia.

El tercer puesto lo ocupa la Avaricia. En materia tanto de comunicación, como de contenidos hay que potenciar el diálogo y la reciprocidad. Así que, no seas avaricioso respecto a la información que compartes con tu audiencia. Aporta valor añadido en cada uno de los artículos que ofrezcas a tu público. No hagas sentir a quien te lee como si te debiese algo, invítale a interesarse, a querer saber más y a estar conforme con corresponderte aportándote su email, dándose de alta a una suscripción o siendo fiel a tu empresa.

En la parte central de la tabla encontramos la Pereza. Este es uno de esos pecados insistentes, por lo que para combatirlo nada mejor que grabar a fuego un calendario de publicicaciones y acciones en redes sociales que respetes. Caer rendido a los mensajes de la pereza es fácil y te tentará con frases del tipo “por una vez que no publiques, no pasa nada”, que no por manidas son menos efectivas. Dicho esto, debes ser firme, trabajar con previsión y visualizar siempre a tus lectores o seguidores y a ti mismo (o a tu empresa) pasando el trago de explicarles, con excusas varias, los motivos por los que llevas días, algunos incluso meses, sin generar contenido, participar en redes o interactuar con ellos.

La quinta plaza es para la Ira. En un escenario cada vez más expuesto, de la mano de Internet y las redes sociales, trabajar la contención a la hora de responder las sugerencias y críticas de las personas que leen los contenidos y mensajes de nuestra empresa es vital. No dejes que los nervios te puedan, ni abandones las buenas formas y ármate de un buen plan de crisis por si las aguas bajan revueltas, pero ante todo no pierdas los papeles.

En este reparto, el seis va a parar a la Envidia. Dicen que este pecado es de los más paralizantes y también dañinos de la lista, ya que cuando alguien quiere, admira o ansía algo, digamos algún logro de su competencia, ataca o simplemente imita con el objetivo de arrollarla y el resultado suele ser malo. Ante este escenario y con el objetivo de avanzar y evitar los castigos, lo mejor que puedes hacer es observar qué hacen bien tus competidores, monitorizar con las herramientas que ofece Internet qué contenidos y estrategias de comunicación les están funcionando mejor, evaluar cómo trabaja tu empresa y trazar un plan propio que permita diferenciarse y crecer. Además, no descartes que ante algunas situaciones las sinergias y alianzas pueden beneficiar a todas las partes.

Y para coronar esta bajada a los infiernos, la Soberbia. Tener un buen concepto de uno mismo, así como de la valía profesional es algo positivo, siempre y cuando no se entre en el terreno del menosprecio a los demás y de las miradas por encima del hombro. Ya seas una empresa, un profesional freelance o alguien que comparte su conocimiento a través de un blog, no pierdas nunca de vista la premisa de ser humilde. Escribe para tu público, en el tono que hayas elegido pero siempre para propiciar la lectura y que la gente interactúe, no seas egocéntrico, si te crees un gurú o que tu empresa es una fuera de serie demuéstralo pero no caigas en el “yo, yo, yo….”, ya que la fórmula adecuada para generar comunidad, fidelizar y lograr conversiones está siempre más próxima al “nosotros”.

Imágenes con Licencia Creative Commons: isumelzo, Aitor Escauriaza.

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