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¡Cambiar de lugar! Con esta y otras muchas majaderías nos quedamos de aquel entrañable sombrerero loco que retrató Lewis Carroll en Alicia en el País de las Maravillas (1865). Lo que inspiró aquel personaje es algo que no ha trascendido con la misma fuerza que aquel “¡Feliz no cumpleaños!”. Aunque hay que dejar clara una cosa: los sombrereros no estaban locos.

 

Y es que en aquella época era común aquello de que el que encarnaba el oficio del creador de sombreros zigzaguease por la línea de la locura con más o menos gracia. O eso era lo que comúnmente se pensaba. En realidad, los sombrereros andaban intoxicados con mercurio, que se utilizaba para tratar la piel de conejo, la más económica con la que trabajar sus piezas. Unos talleres mal ventilados hacían el resto. De hecho, de ahí viene la expresión inglesa “mad as a hatter”, de la que ya hay referencias escritas en 1829. Pero el mal que sufrían, el llamado “síndrome del sombrerero” producía efectos que nada tenían que ver con el personaje de Lewis Carroll: irritabilidad, hiperactividad, labilidad emocional, timidez y pérdida de memoria. En cambio, él se muestra locuaz, extrovertido, obsesionado con el paso del tiempo y divertido. El nacimiento en la mente del escritor de ese personaje estuvo también impulsado por su vecino Teophilus Carter, un señor que siempre llevaba sombrero de copa, conocido por sus ideas excéntricas y que se dedicaba a vender muebles. De hecho, era conocido en la zona como “el sombrerero loco”.

Drogas

No pocos han intentado relacionar esta obra y Alicia a través del espejo (1871) con el consumo de drogas. Se cree que Carroll consumía laúdano, un medicamento común en la época que contenía opio y que si se ingería en grandes dosis provocaba efectos psicotrópicos. Todo esto tiende un puente con un mundo completamente surrealista, una niña que al comer esto o aquello puede menguar o hacerse gigante, una oruga que fuma en pipa y un gato que aparece y desaparece. Pero también hay quien lo rebate y considera que no hay referencias concretas que puedan asociar la creación de estas obras con el consumo de opiáceos. Defienden que es un texto tan innovador y genial que se tiende a buscar explicaciones fuera del mismo.

Niñas

También se ha hablado largo y tendido sobre la relación que Lewis Carroll tenía con muchas niñas. Una de ellas fue Alicia Liddel, que inspiró el personaje de su historia más famosa y su más preciada musa. El escritor, que era profesor de matemáticas y artista polifacético, también se dedicaba a la fotografía y las retrataba con permiso de sus padres. Pero no hay que olvidar que estamos hablando de épocas diferentes y el prisma con el que se miraba era distinto a cómo lo veríamos hoy. Además, muchos autores descartan que Carroll sintiese un deseo sexual por las pequeñas.

El paso del tiempo

En cualquier caso, más allá de las interpretaciones sobre cómo Lewis Carroll creó esta historia a la que le queda poco para cumplir 150 años, El País de las Maravillas sigue igual de vivo que cuando se editó la obra. Sus adaptaciones han sido innumerables y es una de las influencias más potentes en el imaginario colectivo y en la cultura popular. ¿Se hubiese imaginado esto Lewis Carroll cuando perseguía a su conejo blanco?

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