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¿Has tenido alguna vez un jefe insufrible? Una de esas personas sobre las que uno se pregunta los motivos ya no de su existencia en este mundo, sino de su determinada posición en la organización interna de una empresa. Una persona sin aptitudes ni capacidades extraordinarias, sin carisma y sin habilidad para la gestión de un equipo humano; que en lugar de facilitar el flujo de trabajo no hace más que obstaculizarlo. Y sin embargo, todo sale según sus maquiavélicos planes.

Siempre me ha asombrado observar cómo se han movido los hilos del amiguismo o cómo una persona ha conseguido “venderse” hasta la saciedad como algo que no es y ha logrado convencer a quién debía de que ése es su sitio y está haciendo un trabajo extraordinario. Normalmente se atribuye los logros de otras personas, entre muchas técnicas distintas de la figura ampliamente conocida como “trepa”. Pero no sólo eso, sino que el equipo de trabajo suele descubrir rápidamente que es un nada, que no llena el puesto, que se escaquea con excusas variopintas, que trabaja como el que menos, que llega siempre tarde y se va antes de la hora dejándote con un par de narices y con una montaña de cosas que hacer que hay que sacar adelante.

Y éste es Magneto, el malo de la película, con el que mucha gente lucha todos los días desde su puesto cuando trabaja para una empresa y tiene la mala suerte de que le toque como superior. Usa sus poderes para el mal, para robar el brillo y el talento de su equipo y adueñárselo.

 

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Para los curritos, es una batalla diaria en la que las fuerzas muchas veces se desgastan ante tanta y variada injusticia. Uno no debería tener que comportarse como un X-Men en su trabajo, sino poder centrarse en las tareas que tiene asignadas con toda la tranquilidad que sea posible. Un trabajador no debería tener que entrar en una guerra abierta o subterránea contra Magneto, dedicar su mente a ese juego de equilibrios imposibles en el que analizar minuciosamente cada paso para no caer al vacío.

 

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Pero aquí es donde entran las teorías del universo, pertenecientes al coaching popular, que mejor puedes aplicar a tu vida profesional:

 Todo pasa por algún motivo

Siempre estará oculto ante tus ojos, pero con el tiempo seguro que las piezas del puzzle encajarán a la perfección.

El universo (o el tiempo, léase lo que más le guste a cada cual) pone a cada uno en su sitio

Para ver cumplir esta máxima hay que tener más paciencia que un santo, pero es inequívoca.

Siempre habrá una segunda parte

Los acontecimientos no terminan donde tú crees. Muchas veces la vida da algunas piruetas y te ofrece en bandeja algo que pensabas que nunca ocurriría.

Imágenes de Creative Commons de Pat Loika