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Con la intención de llamar la atención sobre una situación, “poner el focazo” y hacer una sátira implacable modo “El Rey te puede violar”, Mongolia busca agitar conciencias y gritarte a la cara y bien fuerte una cosa: “¡No te distraigas!”. Así nos lo cuenta Eduardo Galán, miembro de Mongolia, que nos concede una entrevista a su paso por Alicante.

La revista satírica Mongolia ha desafiado las ideas y opiniones del sector de la prensa y las publicaciones en papel al lanzar un producto nuevo que mezcla humor y actualidad. “¡Estáis locos, la gente no lo va a entender!”. Eso es lo que les decían, cuenta Galán. “La gente no es tonta”, les respondieron. Y ahí están: “Dentro de un sector a la baja, pagamos a los colaboradores y les tratamos brutalmente bien. He sido colaborador mucho tiempo y sé de lo que estoy hablando. Para nosotros es importante recuperar la idea de la empresa periodística familiar”.

“Lo bueno de montar una iniciativa propia es probar cosas, porque no tienes nada que perder. Siempre hay que estar pendiente de los públicos, las tendencias del mercado y todo eso”, cuenta este miembro de Mongolia. “Cuando vas por libre, tu público es más pequeño y es más difícil gustar a todo el mundo. Si haces algún chiste en twitter puede salir alguien que se disguste y te diga que va a dejar de seguirte, pero no puedes gustar a todo el mundo”.

Pero siempre se puede jugar a los espías, buscar la manera de colar el mensaje con tinta china para que llegue a su destinatario. “Por ejemplo, en la entrevista que publicamos a Dios había algunos fragmentos tachados y publicamos una nota: si quieres, te envíamos lo que falta (con aviso legal, claro) y lo mandamos pero sólo con las palabras que no habíamos publicado”.

¿Y qué pasa con Internet? “Nuestro proyecto no funcionaría en web. Movemos mucho humor a través de Facebook y Twitter pero tenemos la idea de que hay que bajar a la arena y que la gente pueda ponernos cara, conocernos en persona”. Es la base de la filosofía que hay detrás de sus actividades paralelas a la publicación de la revista y de algunos libros adicionales y los espectáculos que están moviendo por España. “Nos da igual dónde ir, aunque haya cinco personas. Mientras se cubra el gasto del viaje, el alojamiento y la comida”, explica Eduardo Galán.

Ante la diatriba que más se oye en los últimos años entre los formatos físicos y los digitales, la sexta parte de Mongolia afirma:“El papel ha muerto, pero nadie le ha hecho la autopsia. Cuando nos digan cómo vivir de lo digital nos cambiamos”.

Un momento del Mongolia Show. FOTO DE DIEGO CRESPO
Un momento del Mongolia Show

“Para ser ricos no nos meteríamos en esto, pero tenemos que pagar los gastos de la empresa”. Una de las cosas que hacen que todo esto sea posible es la división del trabajo. Mientras unos cierran el próximo número de la revista, Galán está en Alicante participando en la mesa redonda de “Humor y medios de comunicación” dentro del V Festival del Humor de Alicante y con el espectáculo Mongolia Medicine´s Show.

Arremangarse y ponerse a trabajar, no tener problema con hacer esto o aquello, son algunas de las nuevas-viejas ideas que pueden extraerse del modelo de negocio de Mongolia, que se surte “principalmente de la venta de ejemplares, también estamos abiertos a todo tipo de publicidad (aunque depende de quien sea y de otros factores) y también suponen un remanente importante las suscripciones. Luego tenemos las actividades paralelas como la publicación de los libros y los shows”.

Maruja Torres es otro de los platos suculentos que pone en la mesa Mongolia. La veterana periodista ofrece una columna entre sus páginas y los mongoles la adoran. Un amuleto que completa el juego inteligente de la sátira que surge en los momentos más duros de la crisis. Será que es cuando más la necesitamos.