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Reflejo de mundos interiores enrevesados y tendentes a la complejidad son las obsesiones que los escritores han plasmado a lo largo de la Historia en la Literatura. Una manera de comprobar que la humanidad siempre anda preocupada por cuándo se va a morir, a quién va a perder antes, la soledad y el sentido de su vida. Las ópticas varían cuando trazamos líneas imaginarias atravesando tiempos y espacios, ubicándonos en la mente de esta o de aquel, pero la cuestión es que sus palabras nos enredan por siempre en los conceptos más antropológicos y esenciales que conocemos, a pesar de toda floritura.

Obsesiones individuales, obras necesarias

Las metáforas de Haruki Murakami y su prodigado universo surrealista no cubren esos miedos, sino que de forma latente hacen acto de presencia en las vidas de los distintos personajes que pueblan su ya variado legado literario. De hecho, opina que tras la Guerra Fría y los atentados del 11-S de 2001 en Nueva York, “las metáforas son más reales”.

[blockquote]Siempre dudo sobre si este mundo en el que estoy es el de verdad. En algún lugar de mí, siento que hay un mundo que podría no haber sido así[/blockquote]

La soledad, la pérdida y el mundo de fantasía que a pesar de todo busca las anclas del amor y el trabajo son algunas de las constantes vitales que mantienen viva su esencia a lo largo de los distintos volúmenes publicados por el escritor japonés.

Kafka sentía en sus carnes kafkianas la impotencia del ser humano frente a lo externo y el escritor representa el estado permanente de la frustración humana ante el sentido absurdo de la vida. Una idea que se simboliza profundamente en La Metamorfosis, la obra más famosa del escritor checo, en la que el protagonista se levanta un día convertido en un enorme insecto sin haberlo provocado y, sobre todo, sin poder evitarlo. No es el único de sus personajes zarandeado por oscuros designios, un prototipo sin importancia, una excusa para que algo suceda.

[blockquote]Escribir es jugarse la vida frente a las instancias más inaccesibles de uno mismo[/blockquote]

Así se ha manifestado Juan José Millás respecto a su oficio literario, quien también afirma que la escritura es manejar obsesiones. La suya es la identidad, algo que se refleja en su forma de crear personajes: esa lucha con tu otro yo interior. Algunos de ellos son escritores que buscando su otra personalidad por medio de las letras, dándose cuenta que sus propios personajes son metáforas de sí mismos.

La inmensa mayoría de los escritores ha dicho que el hecho de escribir se debe más a una necesidad imperiosa de juntar letras y dejar volar los pensamientos sobre un papel que con una voluntad personal. Fruto de ello es esa idea de locura que abraza cariñosamente los iconos de la Literatura más afamados. Esa creatividad que se torna en un envenenado don.

Las corrientes literarias y el latido de una época

Los personajes de la llamada Generación Perdida (Alice B. Toklas, Thomas Wolfe, Hemingway, Fitzgerald, Dos Passos) tienen en común la soledad de los hombres y mujeres modernos, sin referentes morales y/o éticos tras la Primera Guerra Mundial. Mientras que otras manifestaciones más críticas son las que se destilan de finales del siglo pasado, con las historias del realismo sucio americano. La sociedad aplastada por el consumismo, devorada por un día a día en modo bucle y la alienación de la televisión son la base sobre las que se asientan  los legados de Raymond Carver, Charles Bukowski & Cía.

Quizá en la actualidad hablar de etiquetas es ciertamente escurridizo, aunque no sabemos cómo nos calificarán dentro de cien años. Puede que seamos los escritores de la crisis. En cualquier caso, el hecho de que un grupo de creativos dé voz a la problemática existencial que balancea el mundo en un determinado momento histórico es, en cierta manera, una crónica de la humanidad.

Imagen de Creative Commons de James Nash