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Colores estridentes, músicas que provocan sobresaltos o acciones un tanto persecutorias que invitan a salir corriendo. Más allá de tratarse de algunos ingredientes clásicos de las películas de terror, estos y otros componentes se dan cita en algunas páginas web con las que las empresas se relacionan con su público en Internet. Y es que para estar en la red, hay que saber hacerlo y para ello es importante estar alerta ante determinadas cuestiones que pueden acabar por poner los pelos de punta a los usuarios.

Con el objetivo de dejar a un lado estos escaparates web que más bien parecen inspirados en un clásico como Viernes 13 y ofrecer a los navegantes una visita más agradable y llevadera es importante desechar algunos de esos componentes y giros  que caracterizan al cine de miedo y que no por esperados dejan de acabar pegando un susto a los internautas. 

  • Callejones, laberintos o caminos cortados. El caminar con la inseguridad de no tener muy claro si se va en la dirección correcta, más cuando ya de entrada el escenario en cuestión no aporta demasiadas confianzas es un ingrediente bastante recurrente en esta clase de cine propenso a los sustos. Se trata de una propuesta que algunos espacios web han hecho suya creando estructuras de página enredadas con múltiples enlaces internos y recovecos en los que pinchar, además de diferentes puntos en los que tras refugiarse en ellos conducen al visitante a lugares que no eran los previstos o directamente, ante el inquietante error 404 que advierte de que lo que se busca NO EXISTE.
  • El tiempo pasa a cuentagotas. Los malos momentos, los de miedo y tensión pueden describirse con esa expresión en la que se afirma que el tiempo se congela y camina lentamente. En el mundo del ciberespacio esta realidad también se siente y se padece y en la mayoría de los casos llega provocada por una espera excesiva en la carga de la página motivada por el peso, por ejemplo, de las imágenes. Un apartado que más vale la pena revisar para no terminar por poner los nervios del usuario a flor de piel.
  • Melodías inquietantes. Otro de los elementos clásicos que no pueden faltar en una buena película de terror es esa melodía o sonido repentino que alerta de que algo está por venir y no va a ser bueno. Algunas empresas no han querido renunciar a este tipo de efectos y someten a quienes les visitan a una bienvenida de infarto dando a su público su particular dosis de respingo en la silla al activarse, nada más entrar en su página web, una melodía inesperada o determinados ruiditos extraños que van acompañando a cada golpe de ratón.
  •  La Persecución. El ambiente se va caldeando para dar paso a esos momentos de agobio en los que algún ser raro o elemento amenazante comienza a mandar al cerebro del visitante la señal de: “empieza a plantearte salir de aquí”. Este tipo de sensaciones han sabido recrearlas a la perfección algunas empresas que se han decantando por rodear a sus internautas, perseguirles y estresarles lanzándoles todo tipo de publicidad imposible de quitar de delante de los ojos, a golpe de pop-ups o impidiéndoles seguir adelante insistiéndoles en que deben proporcionar su email o algún tipo de dato.
  • Imágenes que ponen los pelos de punta. Con la tensión en estado alto, otro de los elementos que contribuyen a aportar esa gota que colma el vaso es una selección de imágenes y colores terroríficos. Y vaya que sí, algunas páginas web se han decantado por ese tipo de presentaciones con diseños que hacen daño a la vista, apostando por fotos borrosas, más propias de un álbum antiguo que ha pasado de generación en generación guardando un terrible secreto, o con algún tipo de gesto o mueca en la cara de los protagonistas, que más que confianza invita a arquear la ceja.
  • Contenido que da ganas de correr.  Y llegado el momento, siempre entra en escena ese elemento que activa la carrera y pone al visitante con los pies en polvorosa. Muchas empresas han convertido sus contenidos en auténticos pasajes terroríficos torturando a quienes se deciden a leerlos o buscan información en ellos. Faltas de ortografía, erratas, párrafos mal construidos o artículos sin ningún tipo de interés para el público objetivo de la empresa, que acaban por situarla en la lista de lugares a los que nunca, nunca se debe volver.
  •  Descenso a los infiernos. Algunas páginas web han llevado a la práctica estas palabras un tanto inquietantes ya de partida y se han lanzado a insertar contenidos y contenidos en un viaje sin fin en descendente. El conocido como scroll tiene sus límites y, pese a contar con múltiples seguidores, es importante poner el cartel de stop para no acabar sembrando el mareo y la inquietud en los navegantes que recalan en aguas de la empresa.

 

Imágenes con Licencia Creative Commons: Historias Visuales