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La profesión periodística se convierte a diario muy a su pesar en noticia. Titulares e informaciones llegados de todos los rincones del mundo advierten del deterioro al que hace frente la libertad de expresión, múltiples denuncias recogidas en piezas informativas que, todo sea dicho no tienen demasiado impacto. El dicho  popular “en casa de herrero, cuchillo de palo” cobra fuerza en un gremio incapaz de movilizar la palanca del cambio, ante una situación que está poco a poco cerrando los ojos de la sociedad a las realidades que ocurren en el mundo.

Escenarios como Ucrania han sido hace unos días objeto de las denuncias de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) tras registrarse más de trescientos ataques contra profesionales de los medios. El objetivo: evitar la retransmisión del día a día del país traducido en amenazas, secuestros, agresiones físicas y también asesinatos.

El comienzo de 2014 no ha hecho más que seguir la senda de un año como el anterior, en el que 75 periodistas perdieron la vida de forma violenta y se registraron hasta 87 secuestros de profesionales. Siria, Ucrania, Egipto, México… el mapa es enorme y la situación se vuelve aún más complicada a causa de la crisis que, además de destruir puestos de trabajo en esta parcela profesional ha alimentado las dificultades de aquellos que siguen apostando por contar qué ocurre en las zonas menos amables para informar.

Las condiciones de los llamados periodistas freelance es cada vez más preocupante dejando casos como el del fotoperiodista secuestrado en Siria y liberado el pasado mes de marzo, Ricardo García Vilanova que calificaba de “dramática” la situación a la que se enfrentan para desarrollar su profesión.

Desde países como Guatemala se escuchaban también hace unos días llamadas para captar la atención internacional ante el aumento de las acciones violentas contra periodistas. La escalada de violencia cobra fuerza con cerca de una treintena de agresiones en tres meses dirigidas a evitar que se hable del narcotráfico y el crimen organizado, especialmente en las zonas rurales del país.

Y tras esta realidad global se encuentran profesionales con nombres y apellidos que siguen afrontando su día a día con la presión de saber que podría ser el último. Reporteros que conviven con amenazas de muerte como es el caso del periodista colombiano de investigación Gonzalo Guillén, tras salir a la luz sus trabajos de denuncia contra el crimen organizado.

Desde México, colectivos y asociaciones profesionales están moviendo ficha para evitar que muertes anunciadas se materialicen ante realidades como la que afronta la periodista Marta Durán de Huerta. Sus denuncias a través de su trabajo en los medios de comunicación sobre la violencia, la corrupción y el narcotráfico la han situado en una posición crítica, sin recibir ningún tipo de protección pese a estar amenazada de muerte.

Imágenes con Licencia Creative Commons: psd

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