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Si preguntase quiénes son Scott Abbott y Chris Haney seguramente muchos de nosotros, así a bote pronto no lo tendríamos muy claro. Dando alguna pista más os diré que se trata de dos periodistas que más allá de las tareas propias de las redacciones consiguieron hacerse un hueco en el terreno empresarial de la mano de un juego popular como es el Trivial.

Estos dos profesionales de los medios de comunicación canadienses, Abott como editor deportivo del periódico Canadian Press y Haney en las tareas de editor gráfico del Montreal Gazette, decidieron un buen día allá por 1979 plantarle cara a su querido Scrabble -ese juego dirigido a crear palabras- e idear uno propio de preguntas que fuese entretenido y que fomentase el conocimiento.

Hablando de dos periodistas estaba claro que había un ingrediente que no podía faltar en su receta. Una herramienta que es el punto de partida del trabajo de esta profesión: las preguntas. Así que tras unos primeros bocetos del esqueleto de lo que más tarde bautizarían como Trivial Pursuit decidieron activar la maquinaria y ponerse a preparar una batería de cuestiones que lograsen despertar el interés de todo tipo de jugadores.

La primera fase emprendedora de este proyecto llevó a estos dos amigos periodistas hasta España, en concreto hasta la Costa del Sol y concretando aún más hasta el municipio malagueño de Nerja, donde los padres de Chris Haney tenían una casa y donde ambos dieron forma a las seis mil primeras preguntas del Trivial.

Un viaje repleto de anécdotas entre las que figuró la larga travesía que Haney y su familia tuvieron por delante hasta llegar a España debido a su miedo a volar, lo que les llevó a embarcarse en compañía de cientos de libros y enciclopedias. También, según relatan los testigos de esta historia, los periodistas buscaron con pico y pala inversores para su proyecto no con demasiada suerte aunque hubo alguien, un sudafricano criado en Canadá y residente desde hacía años en Nerja, que se apiadó de los dos plumillas invirtiendo mil dólares de la época en aquel Trivial que con los años le hizo, según cuentan, ganar mucho dinero.

Ni que decir tiene que el juego del Trivial tiene alma española y algunos señalan que algo más físico asegurando, incluso que la forma de los “quesitos” que contienen las fichas ganadas están inspirados en el dibujo de unas baldosas del llamado Balcón de Europa de Nerja, algo que bien podría ser una pregunta del juego.

De una forma o de otra, la realidad es que gracias a amigos, familia y conocidos el Trivial salió a la venta en 1982 alejado del estruendo que provocaría unos años después cuando comenzaría a hacerse popular. Un recorrido de éxito que ha llevado al juego a vender miles de ediciones en 17 idiomas distintos y ser bautizado por una revista como Times como “un auténtico fenómeno dentro de la historia de los juegos”.

Este sueño emprendedor de Abbott y Haney encierra muchas ansias de libertad, en especial las que este último hombre inyectó desde el minuto cero en este proyecto, con el objetivo de exprimir la vida más allá de las paredes de las redacciones y viajar para crear. Un lema de vida que estuvo muy presente en 2010, cuando sus más allegados despedían tras una larga enfermedad a una parte del alma del Trivial.

Esta historia es un ejemplo más de cómo afición y profesión pueden aliarse para crear algo grande, en este caso tan grande como la cantidad de 65.480.000 euros que el grupo Hasbro pago por hacerse con los derechos del Trivial. Un muestra de cómo reinventarse, experimentar, jugar y pelear por acertar esa pregunta que nos susurra: ¿Estamos dispuestos a intentarlo?

Imágenes con Licencia Creative Commons: ghirson