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Internet ha cambiado mucho desde que empezamos a tener acceso a él hasta ahora, pero tiene una memoria implacable. Es lo que tiene confiar tu vida a las máquinas, que son las que te dejarán mal cuando ya ni siquiera te acuerdes de lo que les contaste.

Si recapitulas, quizá tengas que remontarte a hace quince años, cuando los módems hacían mucho ruido. Entonces todo era un juego y el negocio sólo de los grandes. Además de mandar correos electrónicos y buscar algo de información (de la que no había la ingente cantidad actual), chatear con desconocidos en foros sobre cualquier afición o buscar amigos virtuales eran algunas de las actividades de aquellos inicios en los que todo era anónimo y nuestros datos seguían siendo sólo nuestros.

Digamos, pues, que esa época está a salvo. Cualquier tontería que dijeras se quedó en el limbo escrito con código binario y borrado de los archivos temporales. Luego llegaron los blogs. Cuando hice mis primeras prácticas trabajé en consultoría web junior y allí las compañeras y yo nos hicimos un blog en Livejournal. Era una chorrada inmensa en la que firmaba con seudónimo, pero sólo decía tonterías para que las leyeran ellas y de paso desfogarme un poco. El problema es que recientemente me di cuenta de que había un hilo mío que llevaba hasta allí, que remotamente alguien podría vincularme a esa sarta de tonterías sin ninguna pretensión que escribí como un juego entre amigas. Y que no quería que eso pasase. No porque sea nada malo, sino porque a nadie le interesa que me encontré un pájaro al que bauticé como Ñ y que cuidé hasta que voló o que las letras de canciones que escribía. En realidad, todo eso pertenece a una esfera más personal.

En la universidad nos hicieron abrir un blog y lo usábamos como herramienta en las clases. Ahí ya sólo hablaba de temas periodísticos y de actualidad, hablaba de las webs, de los medios y de los congresos a los que asistía. A veces se colaba alguna cosa de mi vida, pero eran las menos veces. A una, que siempre le ha gustado escribir, se le escapaban los dedos al teclado cada vez que tenía ocasión y a veces capitulaba a la tentación de mostrar esos contenidos en mi blog. La mayoría de post eran simples pensamientos acerca de la cultura libre, los derechos de autor y cómo los medios de comunicación se los estaban montando fatal en internet. En cualquier caso, el tono era (es, en realidad no he eliminado este blog) muy crítico con casi todo.

Hoy, soy una profesional con diez años de trayectoria y todo mi currículum está en Linkedin. Todo lo que he hecho que creo que puede ayudar a dar una idea de mi trabajo ha sido enlazado en distintos sitios. Pero llegado un momento hay que plantearse hacer una revisión de todo lo que has sido en este maravilloso e inmenso mundo de internet y baremar si está sumando o restándote en tu marca personal. ¿Cuántos blogs abriste y abandonaste a su suerte? Tampoco es la primera vez que se oye que a alguien no le han seleccionado para un puesto de trabajo por su perfil de facebook (¿Estás seguro de que lo tienes cerrado a ojos ajenos o de que no hay nada poco adecuado?).

Así que si te importa tu imagen digital, es necesario abrir el armario y volver a organizar las cajas de tu vida para no mezclar lo profesional con lo personal demasiado (un poco creo que está permitido), para que el orden final muestre lo que realmente eres y no una serie de desacertados pensamientos vagabundos que tecleabas cuando nadie te leía.

Quizá no tengas claro qué quieres hacer con algunos de esos blogs. Les cogiste cariño o te gustaría recuperar de alguna manera todo lo que escribiste en ellos para atesorarlo en la memoria de tu ordenador. Una idea es cambiarles la configuración para que sean privados y sólo pueda leerlos el autor. Así podrás recuperar el contenido con tiempo y no seguirán online si ya no te interesa mostrar esa parte de ti.

Tus contenidos en internet

Tener una trayectoria en internet es bueno, juega a tu favor que lleves tiempo en este mundo digital, por lo que quizá no hace falta huir sino simplemente hacer una revisión de los contenidos que fuiste colgando y asegurarte de que no hay ninguna estupidez fruto de tu inmadurez o de ese pensamiento que muchos teníamos entonces de que apenas nadie nos leía.

Otra idea es contextualizar ese blog, darle algunos retoques y explicar, ya sea de forma visible en la portada o en tu perfil que éste es un blog que hiciste en una época determinada de tu vida, lo que pretendías con él, por qué lo dejaste (opcionalmente) y, en fin, explicar un poco qué sentido tenía.

Puede que en algunos casos lo mejor sea eliminarlo todo y olvidarse de ello, o reorganizar todo el contenido que hayas ido publicando en internet en un sólo sitio central, una página personal o el blog que estés manteniendo ahora mismo. Dejar vivo un blog completo porque hay cinco post que te gustaría seguir teniendo publicados quizá no sea muy operativo y a nivel de limpieza y organización seguramente juega en tu contra tener demasiados enlaces, ya que quién quiera saber de ti puede perderse entre tanta información y cambio de sitio web.

Al igual que a una empresa le recomendaría una buena organización de sus contenidos en su ventana hacia el mundo en internet, como profesionales debemos tener un sitio claro en el que alguien que busque referencias nuestras para informarse sobre lo que hacemos encuentre todo lo que necesita saber en poco tiempo. Así que manos a la obra, recupera tu huella digital.

Imágenes de Creative Commons: Animaster y kennymatic