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Nos han dicho siempre que tenemos que tener cabeza, que debemos cumplir con una serie de requisitos vitales, a lo que todo individuo debe aspirar. Hubo un momento en el que nos rebelamos contra aquello y dijimos:

 

[blockquote]

De pequeño me impusieron las costumbres,

me educaron para hombre adinerado,

pero ahora prefiero ser un indio

que un importante abogado.

Hay que dejar el camino social alquitranado

porque en él se nos quedan pegadas las pezuñas

¡Hay que volar! ¡Libre, libre! Al sol y al viento

repartiendo el amor que llevas dentro

[/blockquote]

Y tuvimos esos arranques de coger la mochila e irnos a visitar el mundo. De sentir la libertad. Pero necesitábamos dinero. Oh, maldito dinero. ¿Por qué diantres existe? Bien, buscaremos un trabajo y organizaremos nuestra vida en torno a él. Oh, nos dimos cuenta de que el trabajo perfecto no está en ninguna parte, que el camino interior que recorríamos era lo único que nos iba a mantener cuerdos y quizá, llegado el momento, pegarle la patada a todo para conseguir ir por nuestra cuenta. La gente nos decía que estábamos locos, que era muy difícil, que era un disparate montar éste o aquel negocio, que no iba a funcionar.

Pero si tienes alma de kamikaze aprendes una cosa en la vida: rentabilidad emocional. Quiere decir que puede que un proyecto no sea rentable económicamente, pero mientras que actúes con cierta cabeza y tengas un plan por el que consigas pagar tus gastos, habrá merecido la pena hacer aquello que te nacía en lugar de decir derrotada:

[blockquote]Sí, tienen razón, es demasiado complicado.[/blockquote]

Rentabilidad emocional. Conseguir tu equilibrio y paz interior, sentir que estás haciendo algo de aquello que está escrito en esa hoja de ruta que trazabas cuando ni siquiera habías ido a la universidad y devorabas libros como si no hubiera mañana, fumabas cigarrillos y te juntabas con tus amigas para hablar, hablar, hablar, hablar… Sólo algo, quizá muchas de esas ideas eran demasiado locas. Pero cuidado, no todas son desechables. Y, sobre todo, la esencia es parte de ti, así que ¿por qué no vas a hacerte caso a ti mismo?

[blockquote]Sí, ya sé que dicen que es una utopía, que la realidad es otra. Que no puedes hacer lo que quieras, que debes tener un buen trabajo en el que te paguen bien, un buen horario, un buen puesto. Algo por lo que socialmente seas reconocido en uno de esos ítems en los que se mide el éxito.[/blockquote]

Pero, ¿qué es el éxito?

Seguramente cada persona tendrá una respuesta a esa pregunta. Sería escalofriante que fuese de otra manera. Existen esos nuevos ricos que lo son porque tienen tiempo, porque siguen jornadas laborales de tres horas en las que se concentran en lo importante y el resto lo dedican a vivir la vida. ¡Oh, vivir la vida! ¡Libertad! Es un concepto de éxito interesante. Al final, muchos hemos llegado a la conclusión de que nuestro trabajo es importante, nos realiza, pero que es mucho más importante poder estar presente en los acontecimientos familiares, apuntarte a los planes con amigos y coger un vuelo barato a donde te dé la gana para hacer un viaje con poco dinero y disfrutar de otro paisaje.

El éxito es también aprender a gestionarse de formas diferentes. Muchas personas de mi entorno han decidido no tener una hipoteca, otra de esas losas con las que han querido aplastarnos, un enganche a esa realidad anodina que nos obliga a aguantar situaciones tensas, que nos provoca ansiedad. Muchas de esas personas han comprado un coche de segunda mano y se han olvidado de pagar a plazos.

Ganar menos dinero pero hacer lo que quieres y sobrevivir. En lugar de salir a cenar todos los fines de semana, se organizan planes alternativos, se preparan cenas de sobaquillo. Reducir los gastos para darte cuenta de que te reajustas y que todavía podrías quitarte más cosas y seguir siendo feliz. Eso también es rentabilidad emocional. Y merece la pena.

Imagen de Creative Commons de JD Hancock