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¿Qué sabías tú? En medio de la orilla el mar lame los preciosos cantos rodados de la playa de Cap Negret de Altea mientras el nido de ametralladora de la Guerra Civil sigue envolviéndose en su proceso de decrepitud. Nadie nos salvará de nuestro pasado y nunca seremos lo suficientemente inteligentes como para proyectar en el futuro algo que nos ayude a desviar los caminos equivocados.

Las ametralladoras se posaban en aquellas escotillas horizontales que dan al mar. Y detrás de la mirilla un ojo. Humano. Verde. Marrón. Azul. Unos dedos nerviosos y cansados. Pero ahora sólo hay piedras redondeadas que cantan con el roce del agua. Quisiera que viniesen los monjes zen a escucharlo. El búnker está casi lleno de playa, hay un hueco pequeño por el que pasar reptando y uno termina de sentirse en el 39. Sólo que el mar ha ganado ya demasiado terreno y el abandono y los actos vandálicos han hecho el resto. Típica historia guerracivilista. No mucho más que contar.

Entre 1937 y 1939 se construyeron cinco búnkers o nidos de ametralladora en la costa alteana, dos aún son visibles, pero el resto los ha engullido el mar. Quizá una civilización futura los encuentre y se haga preguntas sobre cómo hemos gestionado nuestro patrimonio. O quizá sean los avanzados extraterrestres de alguna de nuestras películas favoritas. Sin lugar a dudas deberíamos calzarnos el traje de buzo y coger una pala. Así quizá salvaríamos al menos nuestra propia dignidad ante esos observadores ajenos.

Pero ¿Qué sabías tú? Mientras paseabas por ese maravilloso pueblo de casitas blancas, fuente de inspiración de artistas, nunca pensaste que tan poco espacio podía separarte de algo tan bello y a la vez tan roto, impulsado hacia el fondo del oceáno con una patada de indiferencia en el trasero imaginario. No nos quedarán huevos para decir que no nos lo estuvimos buscando.

Mientras suena la música de las olas, el agua se derrama una y otra vez sobre las piedras dentro del búnker, ofreciendo un espectáculo de sonido inaudito en el que se mezcla las sensaciones de paz con el recuerdo de la guerra. Lástima que bajo el agua no pueda oirse el baile que estarán ofreciendo esas moles hundidas.