Share Button

Serie de artículos: El mapamundi del trabajo

Me llamo Santiago Romero, y soy arquitecto. Crecí y estudié arquitectura en mi ciudad, Alicante, donde tuve la oportunidad de hacer un intercambio estudiantil en Santiago de Chile durante unos meses. Durante mi estancia allí pude observar ciertas cosas que me atrajeron de este país desconocido, que me cautivó y me fascinó. Me encontré con un mercado laboral joven y dinámico, donde estaba casi todo por hacer. Se le considera una especie de oasis de seguridad y estabilidad en el contexto de América Latina. Ofrece muchas oportunidades de negocio y laborales para personas emprendedoras, trabajadoras y con ideas nuevas, que por lo general son bienvenidas y favorecidas. Todos estos factores han propiciado la llegada masiva de extranjeros de todas las partes del mundo, incluída España.

De vuelta terminé mis estudios e intenté introducirme en el mercado laboral, pero no tuve ningún éxito debido a la crisis económica y a la paulatina devaluación de mi profesión. De modo que tras unos meses decidí dar el paso de volver a Chile, donde tenía la corazonada de que tendría más oportunidades que en mi tierra.

Un currículum no, una autobiografía

Llegué a Chile pasado el verano austral, momento en que se reactiva la actividad económica en este país y hay más posibilidades de contratación. Fui con mi maleta hasta la casa de unos amigos en Providencia, un barrio muy bueno de Santiago. Establecida mi base, comenzó mi búsqueda de trabajo, ya que es un requisito imprescindible contar con al menos una oferta de trabajo para tramitar el visado y poder quedarte en Chile. De modo que confeccioné mi currículum acorde a las indicaciones de mis anfitriones y ahí comenzó mi primer contacto con el mercado laboral chileno y sus particularidades. A diferencia de los currículos en España, que como máximo deben tener una cara de folio de longitud, en Chile es más una autobiografía en la que cuantos más folios tenga, mejor. Para los chilenos es importante donde has nacido, si has estudiado en un colegio privado o público, si has hecho actividades extraescolares, todos los cursos en universidades buenas, en qué barrio vives, si tienes afiliaciones políticas, etc. Esto se debe a un rasgo muy distintivo y arraigado en la sociedad chilena: el clasismo. Ya sólo si tienes un apellido de origen español, alemán, vasco o inglés puede marcar la diferencia. Los currículums en Chile pueden no tener foto, ya que no hace mucho se utilizaba como elemento discriminador por motivos raciales. Afortunadamente, los extranjeros provenientes de Europa y Norteamérica estamos enmarcados en una clase social aparte y el clasismo en este caso juega a nuestro favor; aunque para los españoles cada vez menos, debido a la llegada masiva en los últimos tres años, pasando de ser una novedad exótica a algo cada vez más común. Por esto, además, es mucho más difícil ser contratado desde España puesto que para un empresario chileno siempre va a contratar a alguien que pueda hacer la entrevista en persona el mismo día y ya hay muchos españoles con visado en Chile. También se funciona mucho por contactos, así que ir recomendado por alguien siempre te va a abrir más puertas que venir a la aventura sin conocer a nadie. Sucede que Chile tiene entre 10 y 15 millones de habitantes (aún no se ponen de acuerdo en el número) y que el mercado laboral es limitado para tantos titulados como han llegado y los que ya existen en el país.

Comencé a enviar mi currículum recién adaptado a varios portales de internet y a repartirlos en mano a varios estudios de arquitectura y constructoras de la zona. Tuve mucha suerte porque la primera semana tuve ya tres ofertas de trabajo y pude elegir la que mejores perspectivas me ofrecía. En mi caso la experiencia ha sido muy positiva: fui contratado indefinidamente desde el primer día en una oficina de interiorismo, aunque con un sueldo no muy alto en comparación con un titulado en Chile, pero para mí al principio eso no era muy importante. Me interesaba más trabajar y adquirir experiencia que ganar mucho dinero. El ambiente laboral es en la empresa es muy grato, el ritmo en general es relajado comparado con otros lugares donde he trabajado. Lo más positivo es que tengo posibilidades de crecer como profesional mediante cursos y es común en Chile renegociar el contrato pasado un período de tiempo y muestres tu valía.

Condiciones de trabajo precarias

Pero no es oro todo lo que reluce, como he dicho mi caso dista mucho de lo común por aquí. Compañeros en mi misma situación se enfrentan a condiciones de trabajo muy precarias, jornadas maratonianas y sueldos miserables. El sueldo mínimo en Chile son unos 200.000 CLP (unos 250 €) y los precios son similares a los de España, por lo que a muchas familias no pueden vivir con solo un sueldo. Es común que los jefes deleguen cada vez más responsabilidad en sus empleados por las mismas condiciones contractuales. Pero a diferencia de España, existe mucha movilidad laboral, ya que si encuentras otro trabajo donde te paguen más, simplemente te cambias. Lo curioso es que es muy común, sobre todo entre personal no cualificado que la gente se cambie de trabajo sin avisar. Y esto es por otro rasgo común de la idiosincrasia chilena: la excesiva diplomacia. Dicen que los españoles somos muy bruscos al hablar, ya que en comparación, el chileno rehúye el conflicto y nunca va a querer quedar mal con su interlocutor. Sé de casos en que se le ha estado dando largas a compatriotas a los que se le había prometido un puesto de trabajo y, tras semanas de espera, comprobar que ya le habían ofrecido el puesto a otra persona. También evitan decir que no directamente, ponen excusas inverosímiles, bajan la mirada… Es una cosa chocante para nosotros los españoles, a los que no nos importa tanto ofender a nuestro interlocutor mientras le llegue claro nuestro mensaje. También he comprobado que los chilenos son muy informales e impuntuales, por lo que hay que tener paciencia. El lado positivo es que el chileno es muy cordial y educado en el trato. Siempre dan las gracias, piden todo por favor, saludan preguntando cómo estás…

Pocas fiestas

Otro aspecto que llama la atención de entrada son las largas jornadas laborales y la poca cantidad de festivos y vacaciones en comparación con España. Pero esto se explica debido a la baja productividad de los trabajadores chilenos. Me explicaron que por lo general los trabajadores cobran tan poco que no rinden durante su jornada, y prefieren trabajar más horas y cobrar por el tiempo extra. Me comentaron casos en los que se ofrecieron incentivos económicos durante el horario laboral con buenos resultados, así que puede que sea verdad.

Por lo que he podido comprobar en Chile hay un exceso de “jefes”. Suelen provenir de familias adineradas y tener una carrera (generalmente de Ingeniería Comercial) en una universidad prestigiosa. Tienen innumerables reuniones a lo largo del día donde tratan temas intrascendentes de los proyectos, en las que todos los ejecutivos quieren opinar para justificar por qué están ahí y en mi opinión esto retrasa mucho todos los proyectos. Oigo a los chilenos decir que en Chile sobran jefes y falta gente que trabaje, especialistas y obreros cualificados.

El extraño eres tú

A pesar de todo, para mí el balance ha sido muy positivo, ya que Chile me ha dado unas oportunidades y una calidad de vida que España no ha podido darme. Hay que tener en cuenta que cuando sales de tu país hay que saber adaptarse, integrarse con la población todo lo que uno pueda y sobre todo, tener mucha paciencia, ya que aquí, el extraño eres tú.

Santiago Romero

Santiago Romero es arquitecto y trabaja en un estudio de interiorismo en Chile