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Serie de artículos: El mapamundi del trabajo

Trabajar en Francia es diferente empezando por las cosas más simples. Prácticamente todo el mundo se trata de usted, todas las relaciones sociales se vuelven más formales y cordiales que en España. Pero es algo completamente normal porque la vida diaria en el país vecino se hace en “vous” -usted- y no en “toi”. Obviamente después depende del ambiente y del contexto, el tipo de empresa, etcétera, pero en general allá dónde vayas lo normal es la forma de cortesía.

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Vista de la torre Eiffel

Cuando llegué a Francia trabajaba en teoría para Iberia, pero con una empresa subcontratada en París. Y es curioso como con un saludo y poco más podías distinguir al jefe que era español destinado en París, del jefe francés con orígenes españoles, del francés de pura cepa. La cercanía y el trato personal son muy diferentes. Los franceses son menos directos, se andan por las ramas y para hacerte una pregunta sencilla utilizan mil formas de cortesía diferentes y en el trabajo, aún más. Los españoles nos enfrentamos en el país vecino a muchos prejuicios, empezando por la puntualidad, con la que es cierto que somos más laxos, pero que en Francia es bastante importante y en un trabajo por turnos todavía más. Pues bien, incluso sin motivo o precedente nos miran con lupa en este sentido y nos llaman la atención. Muchas veces habiendo ya fichado y firmado mi hoja de entrada de turno un jefe me preguntada inquisidoramente “¿ha firmado usted ya? ¿A esta hora todavía aquí?” mientras estaba en mi pausa, o cosas por el estilo.

Trabajar 35 horas, cobrar 39

La segunda diferencia a la hora de trabajar en Francia es el horario: se trabaja en horario continuo con una pausa de una hora para comer -olvidaos de las lentejas. Un sandwich, bocata, tupper o ensalada es todo lo que hay-. Del otro lado de los Pirineos las empresas ofrecen a los trabajadores ticket restaurante para comer en los alrededores de la empresa o comprar comida en los supermercados. Pero además en Francia se trabaja 35 horas semanales en un contrato normal a tiempo completo. En el año 2.000 introdujeron esta reforma con la que se pretendía crear más empleos sin minar el poder adquisitivo de la población. Y es que las 35 horas son pagadas como 39 (anteriores a la reforma), lo que hace del país galo un ejemplo único en Europa. Si bien es cierto que las personas de responsabilidad trabajan más horas, todas las horas extra después son canjeadas por días libres.

Eso sí, los domingos ni tocarlos. La mayoría de comercios y servicios están cerrados los domingos y días festivos, pero cerrados de verdad. Ni siquiera las panaderías abren el Lunes de Pascua, y eso que la “baguette” es también un poco sagrada. No es que sean vagos, los hay que quisieran trabajar en domingo, como el sector del bricolaje y muebles, pero necesitan una autorización ministerial para ello y el Gobierno insiste en que el derecho al descanso de los trabajadores no se toca. Y la polémica reside precisamente en que al final nunca se sabe quién querrá realmente trabajar en domingo y quién será forzado a hacerlo bajo presión de la empresa o amenaza de despido.

Trabajar en Francia es muy diferente en la capital que en el resto de Francia, porque la ciudad es enorme. Cuando llegas todos los franceses te han advertido ya que vas a odiar París y a los parisinos y al principio es verdad que apabulla. París es un lugar donde perderse, pero sobre todo dónde es posible literalmente perderte mucho. Por suerte, ni París es tan horrible ni los parisinos tan odiosos. Y si bien puedes pasar horas en el metro, cocida de calor, normalmente tu patrón te reembolsa cada mes el coste del transporte público, o un porcentaje de la gasolina. Y teniendo en cuenta lo cara que es la vida en París esto es algo que te puede salvar algún que otro mes de vivir sólo de pasta y “baguette”.

Salario mínimo: 1.200 euros

También el salario mínimo interprofesional es más elevado que en España. 1.200 euros es la remuneración mínima por un trabajo a tiempo completo.

Algo que sorprende bastante para los que desconocen el país es que sea necesario para todo trámite guardar todas, absolutamente todas las nóminas de tu vida profesional.

Vida profesional que puedes probar mientras se estudia, incluso desde el instituto de Formación Profesional. Puedes elegir una formación en alternancia -es decir unos días de la semana en una empresa que debes buscar antes de empezar el semestre, y el resto en clase; o una formación con bolsa de prácticas. En el ámbito universitario esto existe también, sin embargo con la crisis los contratos de prácticas son cada vez más una trampa para los estudiantes y los jóvenes recién licenciados. En muchas diplomaturas se debe imperativamente superar las prácticas para obtener el título, cómo en enfermería por ejemplo.

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Estrasburgo

En Estrasburgo, separada de Alemania sólo por la frontera natural del río Rin, la vida es bastante diferente que en París y el trabajo también. El comercio y los negocios se juegan entre dos países, entre dos culturas y entre dos legislaciones. La cultura del trabajo alemana y la del disfrute, más a la francesa, se mezclan. Negocios basados en el Bio o agricultura ecológica están normalizados, así como el de las bicicletas, que son casi el transporte oficial. Pero también todo lo internacional porque en Estrasburgo, sede del Parlamento Europeo, viven diputados de todos los países de la UE, residen los consulados de muchos otros países del mundo y se encuentra el Tribunal de Derechos Humanos, que aglutina gran cantidad de nacionalidades en una ciudad de talla mediana. Así que hablar mínimo inglés, francés y si es posible alemán es imprescindible.

Francia es sin duda uno de los países más combativos en materia de derecho del trabajo, pero sobre todo un país donde se aprecia mucho la calidad de vida y es por eso que si bien los franceses trabajan más de 35 horas semanales, es un derecho para ellos evidente poder hacerlo siendo pagados en consideración a 39 horas semanales. Y si hace falta parar medio país para reivindicar el más mínimo desacuerdo, se hace. Porque no olvidemos que es el país que cortó la cabeza a su rey y si tienen que rodar cabezas, no hay ningún problema, los franceses lo ven hecho.

 

Verónica Antón

 

 

Verónica Antón es periodista y actualmente está afincada en Estrasburgo, pero ha trabajado también en París. Trabaja en el departamento de traducción de un proyecto en internet y mantiene su enamoramiento del país galo.