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Quizá uno no esperaba mirar al cielo de 1984 y encontrar una sombra con forma de un brontosaurio de tamaño real sobrevolando Boston y sin embargo es una imagen real tomada por el fotoperiodista freelance Arthur Pollock. En el año que proporcionó título a la novela de George Orwell, una realidad alternativa también surcaba las mentes de los transeúntes en el momento en el que el helicóptero que transportaba el especimen cruzaba la ciudad para dejarlo en el Museo de Ciencias de Boston, que poseía y posee una exposición de dinosaurios auténticos y de réplicas.

La historia natural ha formado parte de esta ciudad norteamericana desde 1830, cuando un grupo de seis personas fundaron la Sociedad de Boston de Historia Natural y se dedicaron a estudiar distintos ejemplares. Han pasado casi doscientos años desde aquello, pero no es nada comparado con la edad que debe tener el esqueleto fosilizado de un Triceratops que puede verse en sus instalaciones, uno de los tan sólo cuatro exhibidos en todo el mundo. Tratando con este tipo de maravillas de la historia no es de extrañar que esta institución haya ofrecido otras panorámicas igualmente sorprendentes. Algunas de ellas están recogidas en una fotogalería publicada por el Boston Globe en el que se da cuenta de la retrospectiva de este lugar.

El tiranosaurio del Museo de Boston es transportado

El 10 de abril de 1972 el modelo gigante de un Tiranosaurio Rex fue transportado desde los estudios de un escultor de Nueva York hasta la recién construida ala oeste del museo. Para poder unir la cabeza al cuerpo el museo ideó un original sistema de recaudación  de fondos mediante la venta de un juego llamado “Pin the Head on the Dinosaur”. Éste se vendía por una cantidad de dos dólares, que fueron atesorándose hasta llegar al objetivo de los 50.000 dólares que permitiría realizar esta actuación.

Transporte de dinosaurios, también en Nueva York

La Sociedad Geológica de Londres recoge el testimonio de otra imagen sorprendente en la que Jurassic Park planea sobre el pensamiento. Varias figuras de dinosaurios son transportadas en 1964 por el río Hudson para su inclusión en la Expo Mundial de Nueva York que tenía lugar aquel año. Nueve réplicas de tamaño natural estuvieron presentes en el pabellón Dinoland y fueron realizadas por el escultor americano Louis Paul Jonas.

 

Transporte de dinosaurios en 1964
 

Los medios recogieron el impacto que creó en los ciudadanos la contemplación de esta imagen que debió ser en aquella década de los sesenta todo un acontecimiento extraño que presenciar. La feria fue además acogida con gran entusiasmo por los hijos del baby boom después de la Guerra de Vietnam, los cambios culturales y las luchas por los derechos civiles, por lo que imágenes como esta debieron ser un impulso optimista para una sociedad necesitada. Aún hoy si por sorpresa nos encontrásemos ante semejante panorámica muchos acodaríamos también los brazos en la barandilla y nos dispondríamos a deleitarnos con lo asombrosa que en ocasiones es la realidad, necesitados como estamos de ese brillo de lo anticotidiano.

 

Ciudadanos contemplan el paso de dinosaurios hacia la Expo Mundial