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La plaza de los curtidores de Fez es una de las muestras más visibles de lo que vale la vida humana en Marruecos. Centenares de familias obtienen su salario de curtir las pieles en unas precarias tinas y con escasa protección. El olor en los alrededores ya empieza a ser ciertamente fuerte, por no decir nauseabundo, y en las entradas de los edificios se acumulan las pellejos todavía sin procesar, junto a un río cuya imagen recuerda a ciertas películas postapocalípticas.

Plaza curtidores de Marruecos
 

Para los que no estamos habituados a enfrentarnos cara a cara con esta cultura decadencia es una de las palabras clave que provocan las imágenes que se agolpan contra nuestros ojos. Lejos de ese Marrakech de las mil maravillas que nos quieren vender, la vida en este país no es un lechado de comodidades y la capital de Rabat, en lugar de mostrarse espectacular, ofrece una imagen triste para quienes se sumergen en el modo de vida que les ofrece.

Los hombres se sientan en las cafeterías occidentales que llenan las avenidas más europeizadas, aquellas en las que las empresas de distintos países han establecido sus oficinas, y con la silla y la mesa orientada al exterior se dedican a contemplar el paso ajetreado de las miles de personas cuyas vidas bullen en esta ciudad. Las mujeres cada vez más abandonan el segundo plano y en lugares como Rabat muchas visten a la europea. Mientras, en uno de los bordes de la medina multitud de dedos teclean máquinas de escribir Olivetti en ese oficio del “escribidor” que pasa documentos o que redacta para aquellos que no saben y otros venden artilugios de pintura usados. Bajo el mismo cielo, los miles de gatos que pueblan las calles de Marruecos sobreviven felizmente con lo que pillan y también con lo que algunos les dan.

La vida en los riads (tradicionales casas palaciales que no adivinarías detrás de una sencilla puerta) de cinco estrellas es la construcción de unos muros perfecta para no ver más allá y perderse en las aguas de las piscinas en las que sí que te puedes sumergir con bañador (ellas en las playas se bañan con una especie de chándal), comer suculentos manjares y dormir en habitaciones espectaculares por cantidades económicas incomparables a las de España.

Medina de Fez
 

Sin embargo, una vez que se pone un pie en la calle la vida es muy distinta. Paseos por las estrechas callejuelas de las medinas hacen pensar que la vida empieza y acaba en ellas. Un foco de comercio en el que cada cual lucha por sus ventas diarias, mientras los guías que se han ofrecido ya desde una moto en marcha junto al coche al entrar en la ciudad muestran el recorrido más turístico a aquellos que quieren pagar 1.500 dirhams (algo menos de 15 euros) por cuatro horas de visita (que no llegan a serlo) para conocer lo más famoso de Fez.

 

marruecos
 

Nadie parece especialmente triste ante este panorama que puede resultar algo desolador para un occidental (y mira que en la guía ya advierten que te quites tus ojos de blanquito europeo antes de descubrir esta tierra). Ni siquiera la campesina a la que le compras los huevos en una carretera a media hora de la ciudad, en cuyos márgenes varios hombres, mujeres y niños venden sus frutas, verduras, gallos, huevos y el leben (una suerte de leche agria) que sirven desde garrafas de agua rellenadas y termos. Después de ver sus manos, definitivamente, Marruecos no es Marrakech y sus juegos de luces se acaban cuando llega el día, en el que la luz del sol muestra todo tal y como es.

 

marruecos2
 

A pesar de todo, la belleza no siempre está donde se la espera y prueba de ello es que muchas otras cosas ofrecen un contraste inesperado, como los puestos de deliciosos dulces árabes, o los de especias, en los que perfectos montones en forma de pirámide disgregan olores en el aire que aromatizan la calle; las construcciones antiguas en las que predominan los arcos, las puertas con decoraciones imposibles y las fuentes desvencijadas (pero en pie). Una búsqueda de la belleza en la que hay que tener presente que todo lo que pensabas hasta ahora quizá no te sirve para valorar este mundo completamente diferente.