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Unos acordes de guitarra me sacan de mi concentración para hacerme volar de nuevo junto a la increíble historia de Walter Mitty. Es el mítico tema Space Oddity, de David Bowie, interpretado esta vez junto a Kristen Wiig, que suena en la película. Te sugiero que lo escuches mientras lees estas líneas, así como yo he tenido la necesidad de escribir esto cuando ha saltado en una lista de reproducción de Spotify:

 

Y es que a veces se trata únicamente de una esencia común a muchos creadores, de una forma distinta de contar historias, independientemente del fin que éstas tengan. De atrapar a esas traviesas mentes y guiarlas con un hilo conductor repleto de detalles simbólicos que convergen en un todo armonioso. La vuelta completa, el broche perfecto.

¿Sabíamos que Ben Stiller tenía esa innegable cualidad para contar historias? Más allá de sus películas cómicas, algunos posamos nuestros ojos en él ya en Reality Bites (1994), que también dirigió, donde se hablaba de la necesidad de tener sueños. Y qué curioso. La vida le ha vuelto a llevar a ese mismo tema en su trabajo como director.

Pero volvamos a La vida secreta de Walter Mitty, un remake de una película de 1947 con el mismo nombre. El film tiene muchos ingredientes para que a cualquier amante de las buenas historias le bombeen las venas todo lo rápido que puedan y especialmente si es periodista. Y es que el toque de irrealidad que se vive a lo largo de toda la narración audiovisual sitúa al espectador en el corazón del protagonista en todo momento. Uno siente el empujón que el pensamiento le está dando a Walter para que las ensoñaciones pasen a ser una realidad, para que salte en el último segundo para subirse a un helicóptero en marcha que pilota un triste borracho.

Secret Life of Walter Mitty (Pub Scene) from jorgedart on Vimeo.

Y es que el protagonista va gastando su escaso dinero en vivir la aventura de su vida, algo que recuerda al periodista freelance, aquel que arriesga su dinero por contar historias. Cuando consigue vencer esa barrera invisible que le separa de sus ensoñaciones logra vivir una historia diferente, alejada de su vida gris, subiendo montañas, huyendo de la erupción de un volcán o bajando la mítica carretera de Islandia en bici y monopatín. Lo mejor es que la forma que Stiller tiene de contar la historia hace que sientas ese logro como algo inmenso. Algo te hace clic por dentro y piensas que las aventuras son posibles.

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Pero no sólo la narración es completamente alternativa (y deliciosa), además el escenario de la historia es la mítica revista Life, donde Walter Mitty es el responsable del área de negativos (el periodismo más romántico) mientras la empresa sufre un cambio de dirección que planea dejar de editar la revista en papel para centrarse en el mundo digital. La plantilla está en ascuas ante los inminentes despidos. ¿Os suena de algo?

Para vuestra tranquilidad, es completamente ficcional (al menos no se ha recogido nada de despidos en medios ni blogs). La revista Life sigue editándose en papel y la integración con el mundo digital parece bastante razonable. Uno puede suscribirse a la revista en papel y obtener también la versión digital, además de acceso al archivo a través de la web.

Y un punto más para que un periodista ame esta historia: Sean Pean encarna al fotorreportero más mítico, el que con arrojo recorre los rincones más lejanos. Ejemplifica la paciencia y el arte de observar para fotografiar camuflado en una montaña y finalmente decidir disfrutar del momento y no hacer la foto. Quizá una figura completamente idílica pero a la que muchos nos arranca un impulso de salirnos de la línea.

Además, dado el momento anímico en el que se encuentra nuestro país, esta película aparece como un soplo inspiracional con una pequeña historia sobre grandes sueños, sobre las posibilidades de conseguir lo que uno persigue al arriesgarse y de lanzarse a vivir todas las aventuras que van acumulándose en nuestra cabeza. Esas que no pueden materializarse por los clichés, lo que pensamos que los demás esperan de nosotros, por la inseguridad y por las circunstancias de la vida. Ante eso, os digo: ¡Soñad, insensatos!

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